09/12/2022

Ya está aquí…

A propósito de las elecciones legislativas de este año, del ejercicio de la ciudadanía y de malas prácticas políticas.

Por: Juan Manuel García Escalada (Docente, Psicólogo Social, Sexólogo Social)

La política, más allá de lo que dijo Carl von Clausewitz (militar prusiano, historiador, teórico de la ciencia militar 1780-1831) de que es la guerra en otro formato, y viceversa; es campo orégano para las pullas infantiles de quienes juegan a ser adultos, pero sin las certezas-sabidurías y las inocencias de los niños. Las consecuencias… es lo terrible.
El país va a votar “medio término” este año. Y está aquí. Y como es costumbre se comienza a ver las escenas variopintas desde los diversos sectores de nuestra “actividad” política.
Pero sobre todo en los partidos de la escena tradicional argentina, los que agrupan a la inmensa (“de esa”) mayoría de la clase media y media trabajadora, podríamos decir.
¿Se puede prescindir del escenario político? No. Definitivamente, no.
Es la política la que puede construir el debate necesario para asentar las bases permanentes de una democracia que respete e incluya. La naturaleza nos muestra bien la dialéctica entre el día y la noche, entre la luz y la oscuridad. Sin agresiones, y que se suceden en un ritmo acorde al respeto del lugar que ocupan cada una de ellas. El humano ha escapado a ello, construyendo sus propias “comedias”, que quieren adosarle sus derechos de autor. Al decir de Macedonio Fernández (abogado, escritor, filósofo argentino, 1874-1952) “…interesante porque al menos era hombre sin comedia, y habríamos experimentado si sin comedia se puede gobernar”.

A ejercitar la ciudadanía

Ahora bien, cuando en la Vida, ese gran escenario, escribió el gran bardo inglés W. Shakespeare (1564-1616), somos actores bajo el gran concierto universal de las estrellas que nos iluminan y nos miran, es nuestra responsabilidad no de actuar, en personajes, sino en comprender las relaciones humanas en función de la existencia del otre y el bienestar mutuo.
Las históricas políticas humanas, pero más que políticas, las no miradas a la memoria de las experiencias intrapersonales, y carencias de empatías y miedo en general a la vida han utilizado al otre para sus fines personales en detrimento de la solidaridad social.
Cuando una sociedad en su conjunto se encuentra en una etapa de conflictos socio-económicos-culturales, donde hay incertidumbre y desesperanza, nada surge de la individualidad (producto de aquel mito del cowboy o el súper hombre que nos llegó de fronteras externas), hay que gestar proyectos colectivos para poder planificar esperanzas verdaderas en medio de, siempre, la fragilidad de la vida y que los humanos hemos querido negar creyendo que vivimos para siempre.

Ausencia de representación

Los que se arrogan como representantes políticos, donde nadie los ha elegido sino una mínima representatividad partidaria, se asumen como lo decía Luis XV de Francia: “Aprés nous, le déluge” *(Después de nosotros, el diluvio) y en esa parafernalia de palabras abstractas y vacías, éstas, nunca están expuestas en papeles y firmadas como lo real comprometido.
Ese vacío de creencia en los representantes ante las sociedades, que van de un extremo a otro, enseñoreados de un partido a otro, responden a un descreimiento de mínimo respeto y respuesta a los anhelos de la inmensa ciudadanía que desea vivir con dignidad.
¿Qué se desea? Coherencia en lo adulto. Decía Carl G. Jung (médico psiquiatra, psicólogo, ensayista suizo, 1875-1961): “Ya no podemos darnos el lujo de subestimar la importancia del factor psíquico en los asuntos mundiales”. Somos el mundo y lo particular de él.
Coherencia que se sustente en respetar la expresión “política” sin bastardearla con eslóganes y vacíos conceptuales y expresiones de ocasión. Y aprender a leer, leer, todo lo que la literatura del mundo ha creado y crea desde los clásicos hasta lo nuevo en producir, porque sólo en la lectura diaria (de libros y cotidianeidades) aprendemos a leer la vida, pero si no lo hacemos primero con nosotros mismos, seremos unos feriantes para beneficios propios.
Escuchar en los medios de comunicación; observarlos en sus propios modos de expresar con palabras y gestualidad corporal, los encierra en banalidades per-formativas orales que encuentran siempre el vacío en lo real.
Discursos que desfiguran la realidad, descontextualizan los procesos limitándolos al ahora de la historia, esconden y/o carecen de la aptitud para concebir una política nacional. Y especulan con anhelos colectivos. ¿Qué se debate, qué se escucha? Sólo lo anecdótico.

Animales políticos

Toda actitud es política, desde lo personal y comunitario-social. No se puede quitar lo político en la vida de las sociedades como se pretende hacer desde determinados sectores. Lo que se necesita es la participación de la ciudadanía desde un conocimiento cabal de nuestra historia social-cultural y debatir con ideas y proyectos y no con fraseos y diatribas que se han enseñoreado en este presente. Se necesitan representantes que eleven el concepto de lo político; y la sociedad es responsable también de lo que va eligiendo.
En esta hiper-modernidad actual, la avaricia cobra sus dividendos. Se ha comprobado cómo en este tiempo de dolores físicos y espirituales debido a la carencia del aprendizaje (desde la tierna edad escolar) de estar con uno mismo y mis circunstancias, el miedo ha engendrado pavores de explotación más irracional.
Lo demuestra el enriquecimiento del 1 % del planeta y la miseria que se sume a la inmensa mayoría de las poblaciones.
Avaricia que es miedo. Y ante eso, ¿qué proponen los “clásicos políticos”? Recetas. La de ser ellos los que resolverán los intríngulis de las sociedades con viejas recetas que hacen que los pueblos huyan despavoridos y en esa huida se encuentran y eligen peores fantasmas que los van desolando aún más.
No hay salvadores. Debe haber consensos ciudadanos y definir entre todos quienes son los verdaderos responsables de glorias o calamidades de un país.
Un país que complete la gran pintura universal, con sus peculiaridades y sepa ser independiente en esa gran interdependencia en los intercambios económicos, sociales y culturales.

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