06/12/2022

¿Y si frenamos las ideas suicidas?

Con una frecuencia alarmante, se vienen viendo conductas suicidas a muy temprana edad. Urge debate y diálogo para encontrar un camino esperanzado

La noticia de que una niña de 11 años se quitó la vida, recientemente, en Jesús María caló hondo. ¿Cómo? ¿Por qué?.

Nada pareciera justificar una actitud de esa naturaleza, pero lo alarmante es saber que hubo otros intentos -fallidos por fortuna- de otros niños y adolescentes que no encuentran ningún sentido a permanecer en este mundo.

La salida más fácil sería achacarles la responsabilidad a los padres, decir que no saben cómo motivar a sus hijos para que afronten la vida con alegría. Pero eso no sería cierto.

La construcción de la esperanza es una tarea colectiva, es una idea que abrazamos cuando tenemos la convicción de que caminamos hacia un mundo mejor, más inclusivo, menos agresivo, y con más oportunidades.

Por supuesto que, en el medio, hay agentes de la desesperanza, los que aseguran que nada tiene arreglo, que el mundo fue y será una porquería, y que la culpa de todo eso, desde luego, la tiene el otro.

Y en ese tira y afloje entre esperanzados y derrotistas anda nuestro presente.

¿Hace cuanto que en nuestras charlas con las infancias o juventudes damos señales de que no hemos perdido la fe?

¿Hace cuanto que las generaciones jóvenes no nos escuchan hablar de hombres o mujeres que son modelos a seguir?

¿No son reiteradas hasta el hartazgo nuestras quejas sobre la clase política, sin que nosotros movamos un dedo para que algo cambie, participando?

¿Cuántos esfuerzos hemos hecho para que nuestras juventudes no emigren y cuándo les hemos pedido que se queden a pelearlas junto a nosotros?

Es hora de ocuparnos urgente por contener a nuestras infancias y juventudes, ayudarles a devolverle sentido a su vida, y paliar la soledad que arrastran.

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