16/08/2022

Volver al placer de las pequeñas cosas

Con la noción de tiempo puesta en stop, la mejor alternativa es disfrutar del presente revalorizando encuentros, gestos, instantes, y proximidades.

Acostumbrábamos a teorizar sobre el futuro -el anterior a este tiempo de pandemia- como si estuviésemos frente a concreciones antes que frente a meras ilusiones.

Como que ante determinadas causas era factible estimar tales efectos. Muchos, por ejemplo, venían ahorrando dinero para concretar un gran viaje durante 2020 o 2021 y no sólo han tenido que postergarlo sino que, incluso, algunos sienten que ha perdido sentido concretarlo si permanece este contexto.

La evolución de la epidemia nos ha vuelto escépticos respecto de la noción de futuro. En el fondo, nadie quiere desilusionarse pensando en un futuro que hay que posponer a cada rato.

Pero, al mismo tiempo, a muchos otros y otras les ha hecho pensar en todo lo que estaban postergando hoy, mientras hacían planes para un mañana.

La salud tiene hoy un valor superlativo y una gran mayoría agradece estar sano, frente a un mundo que ha mostrado su cara menos amable en términos sanitarios.

Los escasos encuentros sociales también han cobrado valor que cotiza en bolsa, frente a los grandes períodos de encierro y aislamiento obligatorio.

Algo cotidiano como tomarse un café con un amigo, o una visita familiar, o una pequeña comida se convirtieron en los “grandes” momentos de estos tiempos.

Nos siguen faltando, eso sí, las muestras de afecto y sentimientos. Faltan los abrazos, los besos, las caricias, la proximidad física, la copa compartida, a cara descubierta, sin barbijo, y sin sentir que se está corriendo un riesgo.

Para todo eso que falta, la única receta conocida es alcanzar la inmunidad de rebaño que está al alcance de dos pinchacitos de aguja o dos dosis de vacuna. Quizás con ese argumento logremos convencer a los que todavía reniegan y nos postergan la salida.

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