24/02/2024

Un límite pedimos

Las instituciones nacieron, principalmente, para ponerles límites a las ambiciones de quienes ocupan circunstancialmente lugares de poder. Sin ellas, tendemos a volvernos “lobos”.

Huelga explicar que primero que todo fue la familia que se congregó en tribu después y en nación más tarde. Y que a ese gentío numeroso hubo que dirigirlo a través de un representante y que a ese representante hubo que ponerle límites.

Después de todo, sabemos cuán difícil es mantenerse en eje cuando uno tiene una cuota parte de poder.

Las instituciones nacieron, entonces, para ponerles límites a los monarcas y sus tendencias a manejar mal el poder. Y pasaron siglos antes de que las comunidades pusiesen en duda la institucionalidad.

Fabio Quetglas es abogado, magíster en Gestión de Ciudades y en Internacionalización del Desarrollo Local, y está convencido que hay que recuperar la fortaleza histórica que tuvieron las instituciones.

“Nuestros dispositivos institucionales son débiles. Entre las causas de esta debilidad, hay razones de índole económico (inestabilidad crónica), de índole social (empobrecimiento), de índole subjetivo (desacople de expectativas), de índole estrictamente institucional (des-jerarquización del Estado) que explican por qué en Argentina es difícil ser optimista respecto de agentes e instituciones que parecen sobrepasados frente a las situaciones que deben resolver”, explica el especialista.

Y aunque no resulte un trabajo fácil ni rápido, Quetglas invita a sumarse a la tarea de involucrarse con la cosa pública: “Los demócratas debemos ser al mismo tiempo tenaces frente a las críticas banales, frente al chantaje de los autoritarios y la arrogancia de los iluminados, pero exigentes con nosotros mismos y creativos para buscar soluciones”.

Urge que las instituciones públicas recuperen su lugar de referencia para que las demandas sociales no se conviertan en desbordes ni se vuelvan ingobernables las situaciones de la economía.

Cómo no coincidir con Quetglas cuando señala: “Es imprescindible trabajar por una mejor política, una mejor conversación pública y un mejor Estado”.

Pero si las instituciones no hacen lo que tienen que hacer, no resuelven problemas, no conducen debates, y pierden su sentido será difícil recuperar su capacidad de acción y de poner los límites que siempre se necesitan.

Y todo eso es imposible sin ejercicio de ciudadanía por enojoso que nos resulte y aunque parezca una lucha sin sentido. Participar es la respuesta.

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