28/09/2022

Un equívoco expulsó a un hombre de su casa: lo usurparon y desvalijaron

En principio, una “falsa” denuncia por violencia de género provocó que un hombre esté fuera de su casa casi dos semanas y lo desvalijaron.

¿Se puede ejercer violencia de género en contra de una mujer a quien no se conoce ni con la que se tiene contacto?

¿Puede una mujer denunciar por violencia de género a un hombre que no es ni su pareja ni su expareja argumentando que tal violencia se ejerció a través de un llamado telefónico?

Ni siquiera la guía de información sobre violencia de género del Centro de Acceso a la Justicia del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos se animaría a ser tan taxativa con las preguntas arriba formuladas.

Pues, para Ariel Farías -un santiagueño afincado desde hace cuatro años en barrio Sierras y Parques- esa lógica pareció caberle ya que con una serie de desafortunadas comunicaciones terminó denunciado y fuera de su casa.

Farías decidió, esta semana, encadenarse en la puerta del edificio de Tribunales de Jesús María en medio de una situación de desesperación.

Es que estaba en la calle, sin poder acceder a sus pertenencias ni atender a sus mascotas hogareñas y sus gallinas y gallos.

¿Cómo llegó a eso? La situación fue, cuando menos, desopilante.

Farías narró que hace cuatro años celebró un contrato de compraventa por una casa en Sierras y Parques y por la que, aseguró, erogó alrededor de $ 5 millones.

Un caso emblema

Tras el escándalo público que desató el femicidio de María José Urbaneja en 2012, cuando funcionarios judiciales fueron denunciados por haber cajoneado la orden de restricción de acercamiento, mucho ha cambiado en el foro local.

Ahora, sin mediar casi investigación, se confía ciegamente en el testimonio de la víctima y se excluye rápidamente del hogar al presunto ejecutor de la violencia.

Esa lógica parece haberse repetido en el caso de Farías. Su denunciante vive en otra provincia, nunca fue pareja ni tuvo relación sentimental alguna con él, solo comercial por la compra del inmueble y, según la mujer, él ejerció violencia de género en contra de ella a través de una llamada telefónica.

Suficiente. Con ese solo dato, lo imputaron y le avisaron que no podía acercarse a ella durante tres meses y a menos de 500 metros.

La comunicación de los oficiales de la policía fue tan mala que le dieron a entender que tenía que irse de la casa en la que él ¡vivía solo!.

Desencajado

Farías terminó imputado, con los dedos “pintados” y presa de un sistema que no le proporcionó ninguna información.

Nadie le decía que tenía que buscar defensor y presentarse en el proceso abierto en su contra. Tampoco le decían quién lo había denunciado ni por qué.

En el medio, se enteró de que alguien había vulnerado su vivienda y que estaba habitando el lugar.

Estuvo más de una semana en la calle, con la misma ropa, y casi sin ingerir alimentos.

Recién el miércoles de esta semana fue recibido en Tribunales por la prosecretaria de la Oficina Única de Violencia Familiar y de Género, Patricia Trabucco, quien le explicó los pasos que tenía que seguir.

Para cuando Farías pudo volver a su casa, ya lo habían despojado de sus pertenencias.

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