07/08/2022

Sutiles diferencias frente a lo conocido

Ahora que sabemos un poco más, podemos darle tregua al miedo y reconocer el camino que estuvo plagado de pérdidas y de ganancias.

Al sars-cov-2 mucha gente le sigue diciendo “el bicho” -con múltiples agregados, claro está- y se refiere a él con una mezcla de bronca, respeto, miedo.

Y es que a nadie dejó indiferente. Nadie zafó de un contagio, de un aislamiento (o varios o muchos), de uno o varios testeos. Todos tuvieron alguien cercano, íntimo, o conocido en grave situación por él.

Muchos perdieron seres queridos, amigos, contemporáneos, congéneres y dependiendo de la etapa en que les tocó hubo mayor o menor gravedad en los síntomas.

Estamos bastante más informados respecto de lo que le produce al cuerpo mientras uno se encuentra enfermo o enferma, pero todavía no tenemos grandes certezas de las secuelas que nos dejará haberlo transitado en carne propia.

Reacciones alérgicas, hipo o hiperglucemia, cansancio, baches en la memoria, entre otras 200 secuelas que ya han sido referidas, aunque no todas estudiadas.

Pero lo que aprendimos de este “bicho” nuevo es que llegó para quedarse como tantos otros “bichos” más o menos conocidos y a los que la ciencia les viene dando batalla desde hace décadas.

Vinieron para quedarse las vacunas que lo atacan (seguro irán mejorando con los años y la investigación), vinieron para quedarse las costumbres que lo previenen (mascarillas, higiene personal, distancias varias), y vinieron para quedarse las herramientas emocionales para convivir con él.

Ya no será posible suprimir nuestra vida ni nuestra economía en nombre de un combate desigual y que no logrará erradicarlos.

Tendremos que cuidar, eso sí, a los más débiles de la comunidad y marchar hacia un futuro que no está exento de nuevos y complejos “bichos”.

Y, especialmente, tendremos que cuidarnos de no saturar el sistema de salud y a sus trabajadores.

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