18/01/2021

Santa Catalina pide ser resguardada del “progreso”

A 20 años de ser declarada Patrimonio de la Humanidad, la estancia que permanece un manos de un consorcio familiar advierte que la modernidad le viene acarreando problemas en los que los gobiernos debieran intervenir.

Detenida en el tiempo. Así luce Santa Catalina. Cualquiera que llegue a la que fuera estancia jesuítica quedará impresionado por su monumentalidad, pero de inmediato se preguntará ¿Dónde está la ciudad que alberga semejante monumento?.
Y la verdad es que, como allí no llegó el tren, tampoco llegó la división de tierras ni el amanzanamiento, ni la organización que sí se dio en otros espacios que terminaron convirtiéndose en urbanos.
Cuando en 1999, el veedor de la UNESCO, arquitecto Gustavo Aráoz, se topó con Santa Catalina, lejos estaba de quedar impresionado porque había visto la gran muralla china y las pirámides de Egipto, entre otras maravillas.
Pero sí quedó maravillado con la organización de la estancia que, desde hace 246 años, dirigen cientos de propietarios, descendientes de Francisco Antonio Díaz, comparten este lugar mágico, en armonía y distensión, y con organización y orden parecidos a los que promovía José Javier Díaz (sucesor de Francisco Antonio) en tiempos de gobernador de la intendencia de Córdoba.
Fue José Javier quien convirtió a Santa Catalina en una residencia de descanso. Viajaban diez o doce horas desde la ciudad de Córdoba en noviembre y se quedaban hasta abril, después de la semana santa.
La singularidad que tiene el consorcio propietario, y que no está escrito en ningún lado, es que sólo entre familiares se pueden alquilar o vender habitaciones, pero tiene que ser sí o sí un miembro de la familia.

La familia propietaria de Santa Catalina en ocasión de la visita del veedor de UNESCO

Peligros latentes

El arquitecto Javier Correa fue designado en enero de este año como intendente del consorcio y es quien aporta su punto de vista sobre Santa Catalina, a dos décadas de la declaración del Camino de las Estancias Jesuíticas como Patrimonio Mundial.
“La máxima preocupación nuestra, porque nunca se habló de eso, es que el “progreso” del siglo XXI está afectando muy fuerte a la Estancia. Hasta hoy, usamos el sistema de acequias que construyeron los jesuitas en el siglo XVII. Pero eso necesita un mantenimiento y genera problemas que empeorarán en el futuro sino se limita la expansión territorial”, señaló.
“Nuestro planteo -añadió Correa- es que si se autorizase un fraccionamiento de la tierra sea forma limitada y controlada porque en nuestro caso el área de protección del monumento -llamada área buffer- es de kilómetros. Ya tenemos problemas con la provisión de servicios como agua y luz, con la generación de la basura, además de una alteración del ambiente que es lo que viene sufriendo Santa Catalina”.

Consultado sobre posibles enmiendas a esos problemas, el arquitecto esbozó: “Habría que coordinar con los gobiernos de Córdoba y de la Nación para impedir que se agraven los problemas y para que intervengan en la protección de Santa Catalina. Aunque siempre nos hemos manejado con nuestros propios recursos, no vamos a decir que no envidiamos la estructura que tienen otros sitios -Caroya, Jesús María o Alta Gracia-, por ejemplo, que cuentan con seguridad, personal, pago de sueldos, entre otros beneficios”.
Correa también aportó que los gobiernos deberían actuar para generar acciones que protejan Santa Catalina de la deforestación y d­­e los incendios ya que, en varias oportunidades, las llamas han llegado a las puertas del casco de la Estancia y puesto en riesgo su patrimonio natural anexo.
La familia propietaria siente que la declaración como patrimonio mundial fue un reconocimiento a todo el trabajo que hicieron por conservar el monumento, y que les ayudó a mejorar su organización interna, además de sentir orgullo.
En 2022, se cumplirán 400 años de la llegada de los jesuitas a Santa Catalina y el deseo de sus propietarios es poder realizar una celebración conmemorativa de relevancia.

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