24/02/2024

Precarios, pero democráticos

Todo el mundo adjetiva la situación argentina como “crítica”, pero quizás sea la precariedad el calificativo que mejor la represente. Y sería deseable que otro adjetivo fuese democrática.

Cada tanto vuelve a ser necesario reforzar la idea de que la Democracia es el mejor estilo de vida posible hasta tanto haya uno que la mejore y sustituya.

Un ámbito donde las ideas se puedan expresar libremente y donde puedan tomar forma partidaria y ser propuestas a la ciudadanía.

Y que en ese menú que se ofrece haya propuestas delirantes, inaplicables, inconducentes, desconectadas del sentir y querer mayoritario, es parte del estilo de vida democrático.

En el resto del mundo, la mayoría de los países tiene períodos críticos o de criticidad, que se van alternando con períodos de progreso y tranquilidad.

Y también los tuvo y tiene Argentina, más allá de que exista la sensación de que la “crisis”, más que en una oportunidad parea cambiar, se convirtió en norma permanente.

La invitación en estas pequeñas líneas es a pensar en que, tal vez, sea la precariedad la palabra que mejor define este momento histórico.

Hay precariedad de propuestas, precariedad de candidatos, precariedad de debates, precariedad de objetivos, precariedad de planes a largo plazo.

Son precarias las instituciones, precarios los magistrados, precarios los intelectuales, precarios los que conducen.

Son precarias las directrices para sacarnos de este momento de incremento de pobreza y de ahogo económico.

Y hasta son precarias nuestras reflexiones sobre en manos de quién poner la conducción de los tres niveles del Estado: Nación, Provincia, y Municipalidad.

Una parte importante, quizás, tenga que ver con el lugar que le hemos dado a la Educación, mientras seguimos pregonando que por allí es la salida, pero seguimos condenando a salarios de miseria a los que tienen que afrontar el desafío de ponerse al frente.

Y no queda otra salida que seguir intentándolo por la vía democrática, concurriendo a las urnas y votando, para no hacerles el caldo gordo a los que ganan con nuestra falta de entusiasmo y confianza.

Y también está la alternativa de involucrarse en lo local con lo que se pueda: el centro vecinal, la cooperadora escolar, la cooperativa de servicios públicos, las municipalidades, el Festival de Doma.

Pequeños gestos de personas de buena voluntad son la chispa que necesitan nuestras instituciones para seguir encendidas y ofreciendo soluciones a los problemas cotidianos.

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