19/09/2021

Pandemia, salud emocional y tercera edad: desafíos por resolver

Un reciente brote en una institución geriátrica en la que los residentes atravesaron la enfermedad casi sin síntomas abrió un debate sobre cuánto más se los puede tener separados de sus afectos.

visita-cuidada

El mayor perjuicio que vienen sintiendo los y las residentes de instituciones geriátricas no tienen que ver con la mortalidad que puede generarles el Covid-19 sino con la tristeza y depresión que sí les genera seguir aislados del afecto de sus seres cercanos y familiares.

Hay adultos y adultas mayores que llevan más de un año y medio sin poder estrecharse en un abrazo con sus hijos y nietos, que no sienten una caricia o un beso en la piel. Y que estuvieron muchos meses sin recibir siquiera una visita en la residencia de larga estancia donde se encuentran.

Al principio, durante la primera ola de coronavirus, quizás había una justificación sanitaria: el Covid-19 había demostrado ensañarse con la población más vieja y no había vacuna con que afrontar un eventual contagio.

Pero en esta segunda ola, la ecuación se invirtió totalmente. No hay ni un residente que no tenga tratamiento completo contra la enfermedad y la mayoría fue inmunizado con la vacuna Sputnik V que ha demostrado una eficacia altísima en la producción de anticuerpos.

En los brotes que nuestra región vivió durante la segunda ola dentro de las residencias geriátricas no hubo que lamentar fallecidos. Es más, en el 95% de los casos los contagiados afrontaron la enfermedad con síntomas levísimos o asintomáticos.

El otro dato es que el personal que se desempeña en dichas residencias también cuenta con cobertura completa (dos dosis).

En la semana, por citar un ejemplo, se conoció que en una residencia geriátrica privada de Jesús María hubo que activar el protocolo por 12 casos de Covid-19: 9 en adultos mayores y 3 en integrantes del equipo que trabaja en la institución.

Ninguno de los contagiados tuvo que ser internado, mostraron un buen estado general de salud, y transitaron la enfermedad casi sin sintomatología.

“Tenemos un antes y un después con la vacuna. El índice de mortalidad era muy alto sin vacunarse y ahora tenemos muy buenas experiencias porque el índice de complicaciones pasó a ser bajísimo”, explicó el médico Martín Tauro, referente del área de Tercera Edad.

Visitas cuidadas con un plus

La pregunta, entonces, es cómo avanzar hacia una normalización de la situación relacional de los residentes.
Hoy, se sigue aplicando el protocolo de “visitas cuidadas” y no surge de la estadística que estas visitas hayan contribuido a los contagios dentro de las instituciones.

En la mayoría de los casos, el contagio ingresó a la residencia de la mano del personal de asistencia, sobre todo del que tiene otros espacios laborales y de vinculación social.

“No queremos cargarle con la culpa a nadie porque estamos hablando de un virus que es muy contagioso. A veces, una cuestión mínima puede hacer que se disparen estos brotes”, aclaró Tauro sobre este tema.

En el último tiempo, se viene percibiendo un agravamiento de las condiciones de salud mental de muchos residentes, producto del distanciamiento y de los meses sin visitas. Pero ¿cómo se hace para seguir cuidando sin descuidar ese aspecto de la salud integral?.

Tauro reflexionó: “Qué suma de contradicciones hemos hecho durante este tiempo en la necesidad de cuidar al otro. Uno toma decisiones pensando que son las mejores. Desde lo científico, la soledad es un factor de riesgo para la mortalidad. Y les hemos sacado la afectividad a las personas mayores. En esto hemos ido y vuelto con decisiones. Hoy, estamos pensando en otro escenario. Por qué no permitir que los residentes se reunan con sus familiares que ya se contagiaron o que están vacunados. Hay que empezar a repensar todas estas cuestiones. La inmunidad de rebaño dará ese punto de flexibilidad”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *