09/08/2022

No se puede estar en crisis todo el tiempo

Aunque es sinónimo de cambio y no necesariamente de algo malo, agota que tengamos una temporada permanente de crisis en Argentina.

El dicho dice: “siempre que llovió, paró” y tiene fundamento. A veces estás de vacaciones y un temporal te arruina el descanso que habías programado, especialmente si te fuiste a la playa y soñabas con arena y sol.

O, a veces, el temporal te agarra durante el tiempo laboral y se puede tolerar unos cuantos días. La certeza es que no puede llover para siempre.

Con las crisis en Argentina no pareciera cumplirse la misma lógica y la sensación de muchos es que viene lloviendo en forma ininterrumpida desde hace años. ¡Y no para!

Y como no puede ser de otra manera, hay un malhumor reinante que no se puede disimular. ¿Cuándo se acaba? ¿Hasta cuándo lo mismo? ¿Qué tiene que pasar para que pare?

El 2001 que parecía tan lejano en nuestro recuerdo, repentinamente, está a la vuelta de la esquina.
Y ojo que no se habla aquí de la situación política de ese entonces ni del conglomerado de partidos y personajes que lograron que nos sumiéramos en un abismo emocional.

Acá se habla del humor social, de la plata que alcanza cada vez menos, de la sensación de que por esta vía no tenemos arreglo, de las ganas de irse aunque sin saber precisamente a dónde.

Acá se habla de una comunidad que no termina de reponerse de una pandemia (crisis dentro de crisis), que enfrenta problemas de salud y secuelas, y que suma la montaña rusa emocional de estos tiempos con una dirigencia que no muestra estar a la altura de las circunstancias.

Es ese estar agotado de estar agotado y buscando una manera ingeniosa de salir adelante, al menos de salir hecho.

Más que una comunidad anestesiada, la sensación es que hay una comunidad paralizada, que no sabe para donde disparar, mientras trata de escribir “futuro” con una mano sin tener que borrarla con el codo.

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