15/04/2021

Ni el Parque del Oeste se salva del vandalismo

Un grupo de personas desaprensivas sigue talando árboles nativos sin precaución, cazando aves sin necesidad o poniéndolas en cautiverio, arrancando la señalética, entre otras acciones reprochables.

Este fin de semana se cumplen cinco meses desde que fue inaugurado y puesto en valor el Parque del Oeste, la primera reserva natural de 100 hectáreas con las que cuenta la región.
El espacio que hoy se puede visitar comprende alrededor de un 25% del total y se trata de un ecosistema interesantísimo en términos de conservación de flora y fauna.
Por citar un ejemplo, el fotógrafo y especialista en aves Ezequiel Vivas ya relevó que en el Parque del Oeste hay más de 100 especies diferentes de pájaros, algunos de ellos muy particulares.
Y es muy probable que, lejos de la actividad humana que se despliega en parte del Parque, convivan cuises, otros roedores, liebres, zorros, algunas serpientes, y hasta alguna que otra vizcacha.

El año pasado, durante los voraces incendios que asolaron a parte del Córdoba, la acción negligente de un grupo de personas puso al borde del peligro a la reserva y obligó a los Bomberos Voluntarios a desplegar un amplio operativo para impedir que se incendie.
Huelga decir cuáles son los beneficios de este enorme pulmón verde con que cuenta la zona, pero parece que será necesario insistir en ello en razón de algunos hechos de vandalismo reciente que tiene preocupadas a las autoridades.
Pese al trabajo de concientización que lleva adelante el municipio desde las redes sociales y la guardaparque Macarena Alzogaray in situ, hay personas que siguen generando daño sin necesidad.
Uno de los problemas es que no cesa la caza de aves con las populares “gomeras” u “honderas”. Incluso, se sigue registrando el uso de trampas para poner aves en cautiverio.
Se trata de una costumbre muy arraigada que resulta difícil de erradicar, reconocen desde el municipio pero sobre la que hay que trabajar con acciones educativas y de concientización para cambiarlas.

Por un cambio de cultura

“Se trata de un espacio abierto, de fácil acceso, en el que no estamos las 24 horas vigilando. Por eso, cuando llegamos nos preparamos para encontrarnos con hechos vandálicos que tratamos de remediar de inmediato”, explica la guardaparque mientras señala que le gustaría no toparse con esas malas noticias.
Otro de los problemas, que ha sido más común con los últimos fríos, se relaciona con la búsqueda de leña, un servicio que la reserva puede brindar, pero que hay que monitorear.
“Alrededor de la reserva, hay barrios que no tienen conexión de gas. Se puede hacer uso de sus recursos naturales y de sus valores, pero hay que hacerlo de manera sostenible. Hay un montón de vegetación muerta o de troncos secos que se pueden aprovechar. Lo que hay que tratar de impedir es que se corten especies nativas que, en muchos casos, se cortan verdes porque no le sirve al área ni tampoco al que intenta beneficiarse con su uso”, completa Alzoragay.

Y en lo que tiene que ver con vandalismo inexplicable se encuentra la acción desplegada por dañinos que arrancan cartelería y señalética, y generando un gasto que, en definitiva, pagamos todos los contribuyentes con nuestros impuestos municipales.
La educación será, como plantea la guardaparque, vital para el futuro del espacio: “El tema reserva es algo nuevo para mucha gente. De todos modos, durante este tiempo he visto un avance muy grande en las personas y en su conciencia. Es necesario que aprendamos a conocer lo que tenemos acá y que comencemos a sensibilizarnos con eso para que nazcan las ganas de protegerlo”.

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