08/12/2021

Mi auto viajero

Cuento ganador del primer premio de los Juegos Culturales Evita 2021 que organizó la Agencia Córdoba Cultura del Gobierno de Córdoba.

Por: María Paz Monge (primer premio en la categoría Cuento/Poesía sub 18)

Las hojas de los árboles vuelan como un auto con alas. Son amarillas, rojas y naranjas. El viento las sopla y hacen una carrera para ver quién toca primero el suelo.

Quiero tocarlas, pero el vidrio no me deja.

– Quédate quieto que ya llegamos – dice mi mamá.

– ¿A dónde vamos? La casa no es por acá.

– Te quedas quieto o en casa vas a ver.

Ahí nomás dejé de gritar porque cada vez que me decía eso, en casa después no comía el postre.

Mi mamá me llevó a la pieza del abuelo, que estaba viendo por la ventana. Me paré y le dije que no me quería quedar acá.

– Vení Lu, mirá lo que está pasando por la calle. Hoy es la exposición de autos antiguos – me dijo el abuelo.

– Corrí súper rápido para ver y había muchísimos autos de todos los colores. Desde acá arriba eran como las hojas de los árboles que hacían una carrera.

– ¿Qué es eso?

– Ahí te muestran un montón de autos viejos. ¡Mirá! ¿Ves ese azul de ahí? Yo tenía uno igual.

– ¿En serio? ¿Cómo era? ¿Corría muy rápido?

– Tan rápido como un bombero. Si querés te regalo uno parecido que tengo acá, guardado en un cajón.

– Eso es imposible. Los autos no pueden entrar ahí.

– Pero éste no es cualquier auto. ¿Lo querés ver?

– ¡Sí!

– Cerrá los ojos y abrí las manos.

No me gustaba cerrar los ojos porque no podía ver nada, pero le hice caso. Después sentí algo pesado en las manos y los abrí.

– Éste es un Ford Mustang del año 1967 que vas a poder llevar a todos lados, como un amuleto de la suerte.

– Pero éste no se maneja.

– Por supuesto que sí. Es mejor que los otros porque lo podés llevar en la palma de tus manos. Yo creo que los que están en la calle son un poco más pesados. Te regalo éste que tenés vos, pero con la condición de que me cuentes cada sábado por donde lo hacés viajar. ¿Trato hecho?

– Trato hecho.

Me contó que tuvo muchos autos de todos los colores del arcoíris y que corrían rapidísimo. Después mi mamá me hizo una seña con la mano de que nos teníamos que ir y le dije que no.

– No te preocupes Lu, total el sábado que viene venís de nuevo para acá.

Saludé con las manos a mi abuelo y volví al otro sábado. Y al otro. Y al otro. Y al otro. Me contó un montón de historias de los autos que manejaba y de algunas motos.

Otro sábado mi mamá me dijo que no lo íbamos a ver.

– Mirá Lu, vamos a ver cuando lo podemos ir a visitar. Ahora hay una enfermedad contagiosa que si vamos le puede agarrar al abuelo.

– ¿Y cuándo podemos ir?

– En un tiempo.

El tiempo tardaba mucho. Al otro sábado me dijeron que todavía no lo podíamos ver. Y al otro sábado también.
Un sábado lleno de sol mi mamá me contó un secreto.

– Lu, te tengo que contar algo, pero vos no le digas a nadie.

– ¿Qué pasó?

– Resulta ser que ayer por la enfermedad que te conté, el abuelo se fue de viaje para no contagiarse.

– ¿A dónde se fue?

– Se fue a recorrer el mundo en un auto igual al tuyo, pero más grande y con ganas de viajar a todos lados. Me pidió si te podía contar eso y también que seguro no vuelve, porque viajes como esos no terminan. Pero, ¿viste el amuleto de la suerte que te dio? –le dije que sí-. Bueno, también me dijo que, si lo extrañás, lo saqués a andar por la ciudad para que siempre lo sientas con vos.

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