06/10/2022

Los récords que nos avergüenzan

La circunscripción judicial en la que está enclavada Jesús María presenta unas estadísticas que nos ponen en el primer lugar entre los peores lugares.

Alguien podrá argumentar que otras circunscripciones judiciales están por debajo de Jesús María porque en esos lugares las violencias se denuncian menos.

Que ése es el motivo por el que Jesús María encabeza desde hace años la estadística entre las circunscripciones donde mayor violencia familiar existe.

Argumentar que es mejor que esa problemática se denuncie y no se esconda debajo de la alfombra.
Pero, sea como sea, encabezar estadísticas por mayor cantidad de casos de violencia familiar y, dentro de ella, de género no será nunca un motivo para sentirse orgulloso sino todo lo contrario.

Lo que sí es motivo de orgullo es el trabajo sostenido que un grupo de profesionales viene realizando desde hace años y dentro del ámbito municipal para crear espacios de abordaje y tratamiento.

Y eso es así tanto en Colonia Caroya como en Jesús María y Sinsacate. Sin importar quién gobierne, con mayor o menor intensidad y ritmo, se vienen mejorando las condiciones para que se pueda contener a todas las víctimas de tan inexplicable violencia.

Grupos de autoescucha de mujeres, espacios de contención para niños, tratamiento psicológico, y entrenamiento laboral, son algunas de las actividades que se han ido dando la mano con el correr de los años.

Se llegó al punto en que, durante corto tiempo, se pudo financiar entre los municipios locales un programa de atención a la violencia destinado a hombres que la ejercieron. Fue un modelo pionero en todo el territorio provincial y se ejecutó antes que en la propia capital cordobesa.

Lo deseable, en realidad, es que los municipios no tuvieran que invertir años y recursos en curarnos el machirulismo, que aprendiésemos a vivir en armonía, que erradiquemos la violencia y cuidemos al prójimo.

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