16/08/2022

Los puestos de las Estancias Jesuíticas. El caso de Caroya (Parte II)

Existen abundantes indicios que permiten afirmar que Ortiz de Ocampo fue quien construyó la casona que aún se mantiene en pie en el actual barrio Tronco Pozo en Caroya.

Por: Fundación CIEU (Centro de Investigación Espeleológico Urbano) | G.S.T. (Grupo SpeleoTúnel) – Sergio Tissera, Alejandro Giorgio, Ronald Arellano Baudat, Martín González y Germán Adinolfi

Tronco Pozo fue el sitio señalado para albergar a los primeros inmigrantes italianos, aunque ese contingente se alojó en la Estancia de Caroya, finalmente.

En 1870 figura como propietario de la estancia Tronco Pozo don Cándido Novillo Olmos, quien la poseyó hasta su muerte en 1905.

Novillo Olmos había nacido en Córdoba en 1823 y se había desposado en la Catedral de Córdoba el 26 de Noviembre de 1856, con doña Ana Agüero Ponce de León.

En 1857, el cuñado de Novillo (y hermano de Ana Agüero), Don Eusebio Agüero Ponce de León arrendó la estancia de Caroya al gobierno Nacional, mientras su cuñado tomaba idéntica determinación con Tronco Pozo.

Eusebio Agüero fue el padre de Vicente Agüero, figura relevante en la historia de Caroya, Jesús María y Colonia Vicente Agüero.

Posteriormente, Novillo adquirió la mencionada propiedad junto a varias tierras que se extendían hasta La Puerta.

La familia de Ramón J. Cárcano (gobernador de Córdoba en dos oportunidades) se alojaba en esta casona cuando viajaba hacia San Francisco del Chañar (cuna del Gobernador), ya que Cárcano y su esposa eran conocidos de la familia Novillo Agüero.

En 1905, al fallecer Novillo Olmos, la estancia y resto de sus tierras se repartieron entre sus hijos.

Vestigios de otro tiempo

La casona es el único testimonio del casco de esta estancia y uno de los pocos exponentes que se conservan de la casa criolla de la primera mitad del siglo XIX.

Es una vivienda tipo chorizo con techo entejado a dos a aguas y galería. Posee un curioso sistema de sótanos.

Por una escalera con acceso desde la galería, se desciende a un reducido espacio que comunica con dos ámbitos, uno pequeño a un nivel más profundo, y otro amplio.

El primero con techo en bóveda de cañón corrido, una chimenea que hace de ventilación y piso de tierra.

Este recinto debió tener la función de almacén (objeto de los sótanos). El segundo ambiente, con piso de ladrillo y techo de bovedillas entre grandes arcos, da la impresión de haber sido utilizado como habitación.

Esta misteriosa sala pareciera un oratorio subterráneo, orientado en su eje largo en sentido Este-Oeste, con dos nichos, a modo de hornacinas (como para instalar imágenes de bulto), sobre el muro Oeste (donde se sabían situar los altares en los oratorios y capillas antiguas), cuatro tragaluces (hoy tapiados) y un nicho más en la entrada al recinto.

La galería tiene un techo a un agua, conformado por un tramado de vigas de madera sobre el que asientan ladrillos de plano y por encima una cobertura de tejas españolas.

Extremo este. Se aprecia el techo entejado a dos aguas de la casa y el techo a media agua de la galería

La viga principal apoya sobre columnas circulares de ladrillos y el piso es de baldosas de barro cocidas. Es una típica casa “chorizo” de la arquitectura “criolla” con herencia española (y a su vez Romana).

Sobre la galería abocan seis puertas (una de ellas conduce a los sótanos) y dos ventanas. En el interior se disponen diferentes habitaciones con su comunicación a la galería. Las paredes son íntegramente de ladrillos asentados en cal y arena.

En el patio hay un pozo de balde, cuyo brocal es posterior a la construcción de la casa (ya que presenta una viga de hierro, elemento que apareció en escena cuando llegó el ferrocarril a estas tierras).

El estado de conservación de la construcción es muy bueno, y amerita al menos una protección de interés municipal.

Aunque su importancia es mayor ya que es uno de los pocos referentes de casas de la primera mitad del siglo XIX que aún quedan en pie, y en su seno albergó figuras importantes para nuestra historia, como el Coronel Ocampo y el que luego fuera Gobernador de Córdoba, Ramón J. Cárcano.

Actualmente, le han adosado unas construcciones modernas pero sin dañar la estructura original, por lo que se puede poner en valor sin problemas.

El relevamiento de 2015

Durante 2015, nuestro equipo pudo realizar un relevamiento y registro fotográfico sobre la propiedad.

Las columnas que soportan el techo de la galería, son circulares (típico de las casas de patio romanas, modelo que utilizaron también los Friulanos que se asentaron en Caroya, en algunas construcciones como la casa Copetti), sobre bases cuadrangulares; todo de ladrillo asentado en cal, al igual que las paredes de la casa.

Lo más curioso de la construcción, es sin dudas, el sótano. Como ya se mencionó, una de las puertas que dan a la galería, comunica con una escalera que desciende a un pequeño recito subterráneo, que comunica con otros dos.

Uno pequeño, que denominaremos “sótano” propiamente dicho; y otro mayor que denominaremos “sala subterránea”.

El primero debió cumplir con la función típica de los sótanos de época: almacenar alimentos y bebidas para su conservación.

La Sala subterránea es rectangular, orientada en sentido S.O. – N.E. Tiene su ingreso por el Este, y bajo tres grandes arcos apoyan tres bóvedas que conforman el techo.

En el muro del fondo (al Oeste), existen dos hornacinas; y una tercera en el muro contralateral al costado del ingreso.

Cuatro tragaluces (hoy cerrados) proveían iluminación y ventilación al recinto. La orientación, morfología y las hornacinas, nos recuerdan a las antiguas capillas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.