07/08/2022

Lo importante es el camino

La reconversión vitivinícola de Colonia Caroya cumple 25 años y es motivo de análisis por decenas de razones que conviene enumerar.

Si algo ha venido a demostrar la reconversión vitivinícola de Colonia Caroya es que no tenían razón todos aquellos que decían que en Córdoba era imposible hacer un buen vino o que Colonia Caroya sólo podía hacer un “vinito”.

Pero el tiempo ha venido a poner las cosas en su lugar y Colonia Caroya logró tener premios nacionales e internacionales, grandes puntajes de destacados críticos, y grandes productos que poco tienen que envidiarle a los de otras zonas productivas.

Fueron necesarios actores, decisiones, inversiones, y pasiones a lo largo de todo este proceso que está cumpliendo 25 años por estos días.

Todo arrancó con una microvinificación de mil ejemplares en 1996, pero el verdadero cambio se dio a partir de 1997 con la adquisición de 60 mil plantas a un vivero italiano.

En el camino han quedado muchos entusiastas, apesadumbrados por la falta de apoyo oficial y de rentabilidad, pero también se han sumado nuevos actores que le siguen dando pelea a un negocio que cambió muchísimo en dos décadas y media.

El vino de mesa, por ejemplo, ya es un producto en vías de extinción y en su lugar han ganado espacio las producciones territoriales, únicas, diferentes, y de menor volumen.

Paralelamente, las mujeres han incrementado su presencia como consumidoras y ya no sólo en el mercado de los blancos, dulces, y rosados sino en la completa gama disponible.

Y en ese nuevo mundo, lo que se produce en Colonia Caroya tiene presente y, sobre todo, tiene potencial.

Hay muchos productos de gran factura, con poco marketing y publicidad, pero que pueden crecer de la mano del boca en boca y la recomendación.

Bienaventurados los enólogos, productores, empresarios, y políticos locales que se animaron a salvar una tradición.

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