03/02/2023

Las obras hidráulicas de la Estancia Jesuítica Santa Catalina (Parte V)

► UNESCO declaró de importancia todas las obras hidráulicas antiguas que integraban los establecimientos jesuíticos.
► Hay argumentos y, seguramente, legislación para rescatarlas.

Vista de la sala de molienda.

Por: Sergio A. Tissera, Martín M. González, Ronald Baudat Arellano, Alejandro Giorgio y Germán Adinolfi (Fundación CIEU – Centro de Investigación Espeleológico Urbano).

Los molinos

El molino de arriba

El molino de arriba fue un típico molino de cubo, como el de la estancia jesuítica de Caroya y el molino de abajo de la estancia, también jesuítica, de Jesús María.

Un estanque almacenaba el agua de la acequia y mediante un par de compuertas se direccionaba el fluido hacia el molino (Y de aquí el agua corría libremente hacia el tajamar) o directamente hacia el tajamar.

La vinculación entre el estanque y el cubo es mediante un canal de mampostería de calicanto y ladrillo, mismos materiales empleados en la construcción del cubo.

Este último aún conserva el estucado interno para impermeabilizar los muros, como todo depósito de mampostería diseñado para albergar agua.

Detalle de una de las piedras de molienda, que yace en el interior de la sala de molienda.

En el interior del cubo esta la rampa por donde descendía el agua para tomar impulso y mover la turbina.
La sala de molienda, de piedras asentadas en barro, está en ruinas; no así el cárcavo (bóveda que cobijaba la turbina) de calicanto y ladrillos con su bóveda intacta.

En el desagüe es visible un agregado moderno, posiblemente para la re funcionalización que se hizo del molino en el siglo XIX y luego a principios del siglo XX.

Al lado de la sala de molienda está en ruinas una segunda habitación que debió ser el perchel o depósito de granos, o tal vez la casa del molinero.

Vista del desagüe del molino.

El molino de abajo

El molino de abajo era un molino de rampa descendente, alimentado directamente del desagüe del tajamar. La sala de molienda es amplísima y aún conserva una de las piedras de molienda o muela.

El cárcavo, bajo la sala de molienda está intacto y aún con circulación de agua a pesar de los siglos transcurridos.

Próximo al molino está en pie el edificio de un lavadero y secadero de granos, todo de calicanto.

Estas ruinas están en un alto grado de conservación; superior a las de los emprendimientos hidráulicos de las otras haciendas de la Compañía de Jesús, las cuales en algunos casos son parte del circuito turístico-histórico de las estancias jesuíticas; pero estas no corren la misma suerte, al estar en propiedades privadas.

Vista del cárcavo, aún con circulación de agua.

Debería el estado rescatar estas ruinas de altísimo valor y llegar a algún acuerdo con los propietarios para que integren un paseo temático más allá del casco de la mayor estancia que tuvieron los jesuitas en Córdoba.

Las ruinas de los ingenios hidráulicos: Molinos, Tajamar, Túnel y acequia de Santa Ana, etc., todas en propiedad privada; están fuera de la inclusión de protección que brindó la declaratoria de “Patrimonio de la Humanidad”, como ya mencionamos.

Sin embargo es importante mencionar que la UNESCO ha declarado de importancia todas las obras hidráulicas antiguas que integraban estos establecimientos; por lo que hay argumentos y seguramente legislación para rescatarlas.

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