09/12/2022

Las cooperativas y su infame desprestigio

Reflexiones ante un nuevo aniversario del día internacional del
Cooperativismo, que se celebra cada primer sábado de julio.

Por: Prof. Dr. Roberto Bertossi (Docente e investigador universitario)

Enoja denunciar el enorme desprestigio infligido oficialmente, en las dos últimas décadas, a la buena opinión y credibilidad que la sociedad argentina se había formado durante un siglo de nuestras cooperativas, de su buen nombre y honor, gracias a sus múltiples y diversos logros en términos de calidad y expectativas de vida.

Efectivamente, si sólo de auténtico contenido del cooperativismo y de sus cooperativas se trata, ni siquiera la persecución de cooperativas por nefastos gobiernos dictatoriales podría parangonarse con la campaña de desprestigio iniciada en los últimos años con las caricaturas o simulacros de cooperativas previstas e impulsadas mediante ignominiosos planes, programas clientelares o placebos laborales como el Argentina Trabaja, entre otros.

Una persecución horrenda

Pero, ¿qué queremos decir concretamente con semejante afirmación?

Precisamente a partir de 1966, cuando los dictadores Juan Carlos Ongania o, después, Jorge Rafael Videla con José Alfredo Martínez de Hoz, emprendieron la denigración y persecución de las cooperativas, fue por su lozanía, eficacia y contenido humano más que significativos y relevantes.

Como todo aquello que entonces implicaba y aseguraba, complementariamente, el asociativismo cooperativo rural y urbano, mediante la franca y equitativa vinculación de personas con oportunidades, la facilitación por abaratamiento de responsables consumos y modestos financiamientos esenciales, la simplificación del acceso a la salud, a la educación, a la electrificación rural, entre otros.

Por generaciones, uno de los aspectos más ricos y destacables del contenido histórico en las experiencias cooperativas, era su importancia peculiar en la relación e impacto positivos al diluir o atemperar insatisfacciones esenciales, pobrezas y desigualdades socioeconómicas.

Un antecedente virtuoso

De ahí el inicial impulso democrático a partir de nuestro icono educativo o Ley 1.420 del año 1884 al contemplar cooperativas y bibliotecas escolares.

Después, con la ley de educación cooperativa N° 16.583 en la presidencia del Dr. Arturo H. Illia, ambas convergentemente complementadas con la ley 23.427/1986 al crearse en el gobierno del Dr. Ricardo Alfonsín un generoso y abundante Fondo Federal Coparticipable para Educación y Promoción Cooperativo.

En cambio, el enorme desprestigio infligido oficialmente -con la complicidad del INAES- en las dos últimas décadas al buen nombre y honor del Cooperativismo y sus cooperativas, consistió arteramente en un colosal y sostenido vaciamiento axiológico y material de dicho contenido cooperativo.

Hablamos del mismo que supo y pudo configurar y consolidar secularmente a las cooperativas como artífices del desarrollo urbano y rural argentino.

El tiro del final

Por último, más allá de lo eternamente repudiable e imperdonable del Cooperativismo argentino a los dictadores militares y sus agentes civiles, traidores e infames a la Patria; por estos días el tiro de gracia a tal desprestigio es consumado por innumerables placebos laborales de cooperativas piqueteras con planes sociales, absolutamente vaciadas de todo noble y cabal contenido cooperativo, pero sospechadas y empachadas de espurias cooptaciones ideológicas.

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