31/03/2023

La noche que mataron a Agustín hubo un segundo apuñalado

Desde la Fiscalía de Instrucción de Jesús María revelaron que la investigación del crimen equivale a “patear un avispero”.

En poco más de un mes, la investigación por el homicidio de Agustín Ávila ya acumula más de dos cuerpos (cada cuerpo tiene 200 páginas) y el fiscal Guillermo Monti decidió revisar todas y cada una de las actuaciones de sus colegas.

Es que durante su licencia anual fue suplantado por la fiscal de Cámara de Deán Funes, Carolina Elías, y por la fiscal de Instrucción de Deán Funes, Fabiana Pochetino.

Monti no duda que el trabajo de sus colegas haya sido excelente, pero sabe que actuaron en la emergencia de un crimen ocurrido en plena realización del Festival de Doma y Folklore.

Durante la desdichada madrugada del domingo 8 de enero, Agustín Ávila resultó con un certero navajazo en el cuello.

Desde ese entonces, ya pasaron por la Fiscalía de Instrucción de Jesús María entre 40 y 50 testigos que le dieron forma al relato de una pelea de proporciones.

Hay relatos parcializados, con datos inexactos o confusiones, pero también hay descripciones muy honestas y esclarecedoras.

Una noche brava

¿Hubo superioridad numérica? Sí, la hubo. ¿Hubo pasividad frente a la agresión de una patota? No, no la hubo.

De hecho, el dato más relevante de la investigación que tiene a su cargo desde el primero de febrero Monti habla de un segundo apuñalado en la misma noche del crimen.

Se trata de un varón que recibió un puntazo en la espalda, a unos diez centímetros del hombro, y cuya arma con la que se perpetró el ataque no pudo ser recuperada.

La impresión es que fue atacado con un arma blanca tipo navaja o sevillana, por el tipo de lesión que generaron en el agredido quien, aparentemente, estaba en el lote de los que atacaba a Agustín, su madre, su tía, y su primo.

¿Fue la única pelea protagonizada esa noche por la patota? No, no fue la única. ¿Fue una patota fija con un número estable de integrantes? Tampoco, más bien se fue ampliando espontáneamente de acuerdo a las necesidades del enfrentamiento y del tenor de los contendientes.

Sin motivo romántico

Desde la Fiscalía descartaron enfáticamente que se haya tratado de una pelea casual y que el hecho que detonó el crimen haya sido el arrebato callejero de una gorra.

Nada más alejado. “No fue que le sacaron la gorra y que en el intentar recuperarla se desata la pelea con el resultado conocido. El trasfondo era otro. Y es lo que estamos tratando de determinar”, confiaron fuentes de la investigación.

Lo que sí es cierto es que puso de relevancia lo poco que vale la vida, si un pibe de 16 años tiene que morirse desangrado por hacerles frente a otros agresores menores de edad o apenas un poco más grandes que él.

Ávila conocía a muchos de sus agresores y, de hecho, se “seguían” en algunas redes sociales.

La hipótesis más firme que manejan desde el entorno del fiscal es que la patota le “marcó” el territorio a Ávila.

Y que en el arrebato de la gorra hubo una advertencia sobre que se quedara piola y que asumiera que había perdido.

Por el crimen, hasta ahora, hay ocho personas detenidas, y seis de ellas permanecen privadas de su libertad -dos en la cárcel de Bouwer y las otras cuatro en institutos de menores-.

Y del total de acusados, solo la mitad está acusada del hecho criminal en sí, el resto por la participación en el delito de robo.

Para este miércoles 15, la familia de Ávila pretendía marchar hacia Tribunales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *