08/12/2022

La Estancia Santa Catalina cumplió 400 años y al festejo fue todo el pueblo

La propiedad que estuvo en manos de los jesuitas y pasó a los sucesores de Francisco Antonio Díaz concretó un gigantesco encuentro para conmemorar.

Que no quede nadie afuera fue la consigna con la que la familia que custodia el valioso patrimonio jesuítico de Santa Catalina decidió conmemorar los 400 años de historia del lugar.

Es que los herederos de Francisco Antonio Díaz se vienen turnando en el resguardo de los bienes que, desde 2000, son Patrimonio de la Humanidad y que constituyen un singular caso porque permanece en manos privadas.

Sufrieron en estos 248 años de posesión del inmueble algunos embates por parte del Estado Nacional. Quiso la suerte y la insistencia (y resistencia) de la familia que Santa Catalina quede en manos de ellos.

Quizás otra hubiese sido la suerte del bien. Especialmente, porque se encuentra en un lugar rural, sin comunidad política que se encargue del resguardo, y en una zona gris que pertenece al departamento Totoral.

Aunque votan en la comuna de La Pampa, casi no reciben ningún beneficio de dicha administración.

Por eso, es loable que un puñado de cordobeses se encargue de preservar un patrimonio que preserva muchas de las maravillas que plantaron los jesuitas.

Una fiesta con todas las letras

Francisco Antonio Díaz no hubiese podido imaginar que su herencia iba a llegar hasta la octava y novena generación. Ni que unas 40 familias con más de 200 integrantes se iban a tener que organizar para llevar armoniosamente el resguardo y disfrute del bien.

De hecho, para organizar la conmemoración tuvieron que armar una comisión especial que integraron Javier Correas, Javier Díaz Frías, Oscar Ruiz Luque, Clara Díaz Cardeilhac, Cristina Díaz Bialet, Daniel de la Torre y Valentina Latzina.

Ellos se encargaron de los festejos que tuvieron lugar el sábado 5 y al que fue invitado la totalidad del pueblo de Santa Catalina con lo que la reunión superó holgadamente las 400 personas.

Fue impactante el desfile de agrupaciones gauchas, la misa y la actuación del Coro del Colegio de Ingenieros de la UNC dentro de la Iglesia, más el almuerzo criollo que se compartió allí.

En uno de los patios centrales se entonó el himno nacional y se levantó una copa para brindar al grito de “Viva Santa Catalina”.

Guardianes responsables

El arquitecto Daniel de la Torre y su esposa, Cristina Díaz Bialet, ofician de anfitriones y destapan con generosidad los misterios internos de la propiedad.

“No diría tanto que es un orgullo, sino una responsabilidad que asumimos con vocación de servicio porque el patrimonio que estamos cuidando tiene sentido cuando se comunica. Un patrimonio no comunicado es como una biblioteca que no permite el acceso a lectores. Para nosotros, tiene sentido cuando lo compartimos”, apunta de la Torre.

“Tenemos -añade- la suerte de haber recibido esta herencia que no hemos comprado, no hemos construido, pero sí la asumimos. La familia tiene la alegría de decir que estamos cuidando y manteniendo esto”.

“Es una forma de vida a la que nos adaptamos y nos encanta que la gente venga, disfrute, aprenda y conozca la verdadera historia de Santa Catalina”, completa Díaz Bialet.

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