24/02/2024

Innovación ambiental: una escuela hecha con 70 mil botellas plásticas y lana de oveja en Caroya

Con insumos amigables con el ambiente, la escuela Olga Cossettini sigue avanzando en la construcción del edificio propio.

La comunidad educativa de la escuela Olga Cossettini sigue trabajando en la construcción del edificio propio, pero con una lógica amigable con el ambiente y sustentable en el tiempo.

Es por eso que, en la edificación de sus primeros 500 metros cubiertos, están usando 70 mil botellas plásticas recicladas y lana de oveja no industrializable como insumos principales para las paredes y el techo.

La idea va en consonancia con la convicción de que la educación puede transformar lo que no funciona en la sociedad.

Anabel Uanino, directora de la institución, lo plantea en estos términos: “Queríamos un espacio en el que nuestros niños atraviesen su escolaridad obligatoria enriqueciéndose, yéndose de la escuela mejor de lo que entraron. Entendemos que no hay que esperar que nadie transforme las cosas más que uno mismo. Eso nos mantiene en pie, vivos”.

“En nuestra escuela -completa Uanino- utilizamos el arte y la naturaleza como recursos para el aprendizaje. Formamos ciudadanos que sepan actuar para cambiar lo que no les gusta. Aunque nos basamos en principios teóricos, también buscamos crear nuestro propio camino, adaptado a nuestra cultura local”.

Los eco-materiales

La arquitecta Emilse Vettori, representante legal de la escuela Cossettini, resumió que el sistema constructivo que vienen utilizando se conoce como Wood Frame (paneles de madera) porque tiene un montón de ventajas, además de ser amigable con el ambiente.

“Nos permitió que, a estos 500 metros cuadrados, lo podamos hacer entre las familias, entre la gente que forma parte de la fundación, en solo ocho jornadas, y con herramientas muy simples, con conocimientos básicos, aunque siempre guiados por profesionales y con todos los cálculos estructurales que necesita”.

La principal característica de estas aulas es que fueron diseñadas en tres bloques de dos aulas cada uno, con la idea de que se puedan conectar y separar, dependiendo de las actividades necesarias para el día, para el grupo, o para lo que se requiera.

Por eso, si bien las superficies son iguales, cambian las aberturas, la disposición de las aberturas, la entrada de luz, las visuales, para actividades que requieran más expresión corporal, o uso de laboratorios, o de computadoras.

“No es lo mismo enseñar matemática que arte, que ciencias, entonces hay que acompañar con los espacios a cada una de estas actividades”, completa la representante legal que también tiene a sus hijos en el colegio.

El alumnado, protagonista

Cada fin de semana largo, feriado, asueto, es tomado por la comunidad educativa de la escuela Cossettini como una oportunidad para avanzar en la edificación del espacio que podrá ser usado desde 2024.

Pero las niñas y niños también forman parte del proceso ayudando en la selección de los materiales reciclables y en el armado de parte del mobiliario que tendrá su escuela.

Y son esos educandos quienes, a su vez, observan a sus madres y padres trabajar en las paredes, armado de vigas, colocación de techos, y en el compromiso que asumen por la educación.

En relación a la construcción de una escuela “tradicional”, la Cossettini cuesta 10 veces menos.

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