06/12/2022

Imaginemos por un momento que…

Qué pasaría si nuestras más hondas ilusiones se tornaran realidad y el mundo se convirtiera en un mejor lugar.

A veces te asaltan los pensamientos mágicos e infantiles y, seguramente, pensás en cómo se resolvería tu vida si te ganases una lotería u otro premio que te permita tener el suficiente dinero como para olvidarte de las obligaciones mundanas.
Es la vía fácil: pensar en que una vuelta del destino, una tirada de dados, o el más puro azar te resuelvan en segundos lo que a la mayoría le demanda toda una vida y con pronóstico de cumplimiento incierto.
Por esa vía de pensamiento, la mala suerte (en el azar o el destino) es la responsable de tus fracasos porque la culpa siempre la tiene otro.
Pero saliendo de la magia y el infantilismo, no viene mal de tanto en tanto especular con la imaginación sobre cómo generar un mundo, nuestro mundo, con un poco más de equidad y oportunidades.
Porque los problemas del mundo no consisten en carencias sin solución sino en malas distribuciones o en distribuciones desiguales.

En muchos países, existe una responsabilidad directa de las autoridades políticas en la suerte de sus comunidades a las que han confinado a la suerte de la dádiva estatal, a sistemas educativos anticuados y perimidos, y a malas decisiones en materia económica que los han dejado en situación de vulnerabilidad permanente.
En otros países, por el contrario, la mayor culpa no proviene de su clase política sino de la ciudadanía en general que prefiere la crítica en lugar de inmiscuirse en la cosa pública.
Como si fuese imposible comprometerse con lo público sin corromperse. Pero más que de miedo, se trata de comodidad.
Siempre es más fácil levantar el dedo acusador, alivianarse del peso de trabajar para emparejar todo lo que está desparejo. Imaginemos por un momento que todos nos comprometemos con esa empresa y el futuro nos sabrá a algo distinto y mejor.

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