09/12/2022

Ese horrible acostumbramiento

Visto desde afuera lo que vivimos los argentinos en torno a la inflación es una verdadera locura, pero parecemos anestesiados e inmóviles frente a eso.

Por situaciones mucho menos dramáticas que las nuestras, hubo verdaderas revueltas en países sudamericanos como Chile o Perú y las autoridades vieron tambalear su posición frente al reclamo y la protesta de su comunidad.

En 2019, sin ir más lejos, un aumento del precio del billete de metro (subte) fue la chispa que provocó un estallido social en Chile y que reveló el malestar popular por las desigualdades sociales.

Y lo mismo se replicó meses más tarde en Perú por idéntica situación.

Tanta fue la tensión con las fuerzas de seguridad que en ambos casos tuvieron que dar marcha atrás con la intención de subir algunos centavos el precio de ese transporte masivo.

En Argentina, llevamos un trienio con una inflación del 50%, con un empobrecimiento promedio del 30% y no se avizora que ningún sector social encabece una protesta, excepto los que reclaman que el Estado siga dándoles el pescado, sin enseñarles a pescar.

Y no existe un argentino que no sienta impotencia y angustia frente a una situación que no hace más que pronunciar las desigualdades. La inflación sólo hace más pobres a los que ya son pobres, los margina cada vez más.

Es como si la comunidad estuviese anestesiada, imposibilitada de reaccionar mientras se ven cómo las divisas extranjeras valen cada vez más lo que significa, en realidad, que nuestra propia moneda vale cada vez menos.

Es extraño que nadie reclame políticas públicas claras, gastos acotados a los ingresos, y un Estado que no sufra de elefantiasis.

Está claro que al problema visible provocado por la deficiencia de la política y los políticos le acompaña ese horrible acostumbramiento a los males por parte de nuestra comunidad. Reacción se espera. Ojalá que no sea demasiado tarde.

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