18/01/2021

Es sólo una cuestión de actitud

A este 2020 que se va, muy pocas personas en el mundo le encontrarán algo positivo, pero en terminos de aprendizajes colectivos fue un gran año.

Sobre cada cosa que se enumere en esta editorial, habrá excepciones. No se trata de hallar coincidencias absolutas sino de grandes coincidencias de una humanidad sometida a una epidemia sin precedentes.
Hemos aprendido que si dejamos respirar a la naturaleza vuelve a florecer y los animales a multiplicarse. Que el aire de las ciudades con menos autos es más respirable y más vivible (menos ruidos, embotellamientos, griteríos, y nervios).
Aprendimos que gastamos de más, en cosas superfluas, innecesarias, y que mucho de lo que considerábamos imprescindible antes, siempre fue relativo.
Nos hizo pensar para dentro de nuestras familias, de lo poco que estamos acostumbrados a compartir “todo” nuestro tiempo, de los diálogos que estaban pendientes o postergados, de lo fácil que resultaba estar en contacto con nuestros afectos lejanos.
La pandemia nos hizo llorar, nos hizo sentir miedo, nos detonó emociones que estaban contenidas, nos llamó a cuidarnos y a protegernos, y nos hizo pensar en lo mucho que necesitábamos de nuestra comunidad de amigos.
Conocimos el teletrabajo y aprendimos sobre el tiempo de viaje que nos ahorra y sobre todas las facilidades que nos brinda la tecnología para estar conectados.
Nos hizo dar cuenta de lo importante que es para nosotros la “piel”: abrazar, besar, estrecharse, estar cerca. Todo eso que tuvimos que contener, en algún momento estallará en los encuentros (vacuna e inmunidad de rebaño por delante).
Si nos enfocamos en las cosas que ganamos y no tanto en las que perdimos, veremos que 2020 no fue un año para el olvido sino un año para el crecimiento interno genuino. Como dice la canción de Fito Páez: “Es solo una cuestión de actitud”.

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