25/01/2022

En juicio abreviado, otro abusador reconoció su crimen y recibió casi 12 años de prisión

La Cámara 6ª del Crimen de la Ciudad de Córdoba condenó a S.D.T por la comisión del delito de abuso sexual gravemente ultrajante continuado, entre otros.

Recientemente, se conocieron los fundamentos de la sentencia en contra de S.D.T de 52 años por hechos cometidos en contra de, al menos, cuatro menores de edad de entre 8 y 14 años y que eran amigas de una de sus hijas.

Los abusos perpetrados por el victimario generaron graves secuelas en las víctimas, al punto tal que sobre una de ellas el peritaje psicológico determinó que tiene síndrome de estrés postraumático.

“Presenta altos niveles de angustia y estado depresivo, estado emocional negativo persistente, enojo, vergüenza, disminución importante del interés a participar en actividades significativas, incapacidad persistente de experimentar emociones positivas, hipervigilancia, problemas de concentración, alteraciones del sueño, recuerdos de situaciones traumáticas, creencias o expectativas negativas persistentes y exageradas sobre uno mismo”, señala lapidario el informe.

Sobre otra de las víctimas, señala el peritaje: “presenta signos de contenido fóbico y ansiógeno con elevado nivel de angustia, estado emocional depresivo crónico”.

Juicio abreviado

Acreditados los hechos con abundante material probatorio, S.D.T solicitó la realización de un juicio abreviado que tuvo lugar a mediados de octubre de este año.

Fue en la Cámara 6ª del Crimen de la ciudad de Córdoba en sala unipersonal que presidió el juez Enrique Buteler. El fiscal de Cámara fue Martín Berger, asistido por el asesor Letrado del 16º turno, Diego Ortiz, y el asesor Letrado del 28º turno, Eduardo Caeiro, como representante complementario.

Los hechos databan de los años 2013 y 2014 y fueron cometidos entre Jesús María y Colonia Caroya.

Fue condenado como autor responsable de los delitos de abuso sexual gravemente ultrajante continuado agravado por el grave daño en la salud mental de la víctima, y corrupción de menores agravada en concurso ideal, entre otros, dado que en algunos casos los abusos fueron con acceso carnal y sin acceso en otros.

El victimario no hizo uso de la “última palabra” y recibió una condena de once años 11 meses y 15 días de prisión, más la obligación de hacer en la cárcel un tratamiento psicológico.

Además, se remitieron los antecedentes al Registro de abusadores sexuales, al Registro Provincial de personas condenadas por delitos contra la integridad sexual, y al Registro Nacional de datos genéticos vinculado a delitos contra la integridad sexual.

Largo proceso a la verdad

Algunos aspectos de estos abusos padecidos por niñas a la edad de siete u ocho años, cuando cursaban primero o segundo año de la primaria, salieron a la luz recién a principios de este año.

“Él nos amenazaba dándonos plata, nos compraba helado o chupetines, cosas así, y nosotras no decíamos nada. Las cosas estas pasaban al frente de su hija, éramos tres: yo, su hija y la otra chica. A su hija nunca le hizo nada al menos en frente nuestro. A mí y a la otra chica sí. Él todo lo tomaba como un juego”, detalló una de las víctimas en Cámara Gesell.

La mayoría de las víctimas refirió en los peritajes que esos abusos condicionaron su vida sexual posterior, y que no podían evitar sentir asco y bronca cada vez que veían a su victimario.

La otra razón por la que no hicieron pública la situación por la que atravesaban fue que la hija del abusador confeso había roto a llorar amargamente y a implorarles que no dijeran nada.

Como se trataba de seis amigas del barrio muy unidas, decidieron preservar la amistad y permanecer calladas.

Los peritajes posteriores a las víctimas no detectaron ninguna tendencia a la fabulación ni a la mitomanía. Tampoco a la confabulación ni la simulación.

Tras siete años de silencio, finalmente la verdad salió a la luz y desnudó una cadena de abusos que mereció la grave pena.

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