24/02/2024

Elegir el menos peor de los males

Una porción importante de los votantes siente que enfrentará el balotaje obligado a elegir entre opciones que no son de su agrado y en las que no ve futuro ni salida a la crisis.

Javier Milei saltó de las pantallas a la política y demostró, en poco más de dos años, que no es imposible transformarse en alternativa partidaria en Argentina.

Nadie puede dudar de que se trató de un fenómeno disruptivo que cautivó a millares con su discurso en contra de cierto aburguesamiento que viene mostrando la clase política argentina.

Con un uso abusivo del marketing político, un peinado estrafalario (cabeza de muñeca abandonada, diría un cordobés), y prometiendo arrasar con todo, desinstaló de las preferencias mayoritarias a Juntos por el Cambio.

JpC hizo una pésima lectura del humor social, enfocó su discurso contra el “kirchnerismo”, pero nunca dijo ‘éste es nuestro norte’, ‘éste es nuestro plan para sacar al país de la crisis’, y si lo dijo lo hizo en forma imprecisa y sin la contundencia de sus rivales.

Que hayan perdido el primer lugar como opositores es más mérito propio que ajeno, más allá de que en las provincias y municipios su crecimiento fue notorio de 2015 a esta parte.

Gobiernan diez provincias y 500 municipios, pero no lograron cautivar a una ciudadanía desencantada con casi todo.

Y Massa hizo lo que la “maquinita de imprimir dinero” le dejó: metió plata en los bolsillos de muchos a través de la devolución del IVA y del Impuesto a las Ganancias, fue con el discurso de que él no es K, y que tiene la solución a los problemas que él viene generando como ministro de Economía.

Sumado a que fueron a votar casi un 10% más de electores que en las Paso, mantuvo el caudal histórico del Justicialismo que nunca baja del 30% de los votos.

Y en la puja Milei – Massa se propone una incómoda elección. Seguir probando con lo mismo: inflación desbocada, pobreza en aumento, y la sensación de estar de nuevo al borde del default.

O, por el contrario, dar un salto al vació y apoyar a un dirigente sin experiencia de gestión, sin mayorías ni respaldos explícitos, y al que le achacan sus expresiones sobre el recorte de derechos adquiridos.

Es, otra vez y como en 2015, una elección entre el mal menor, entre el menos peor de los males, casi una no elección en término de opciones.

Y en un momento en el que los días que faltan para el balotaje se viven con una angustia tremenda y con la incertidumbre de la crisis cotidiana.

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