28/09/2022

El puesto de San Antonio en Caroya Viejo (Parte I)

Muchas de las construcciones del puesto deben atribuirse a la orden de los franciscanos, pero también hay vestigios de obras que se remontan a los jesuitas.

Por: Sergio Tissera, Alejandro Giorgio, Ronald Arellano Baudat, Martín González y Germán Adinolfi (Fundación CIEU -Centro de Investigación Espeleológico Urbano- | G.S.T. -Grupo SpeleoTúnel-)

Las tierras que antiguamente se conocían como Caroya Viejo, al este de la actual estancia de Caroya, albergaron el primer casco de dicha estancia. Cuando los jesuitas se mudaron al nuevo emplazamiento, por tener a mano el recurso hídrico del Río Carnero, el sitio original comenzó a denominarse “Caroya Viejo”.

La primitiva estancia se abastecía de agua mediante dos jagüeles (lagunas) que se llenaban de aguas surgentes, y que los Jesuitas habían embalsado para su aprovechamiento (mover un molino y regar una huerta).

Estos manantiales debieron ser irregulares, por ello el traslado a tierras más fértiles, una vez adquiridas. De “Caroya Viejo” quedan las ruinas de la Capilla, del molino y de los tajamares y a 4 km del primitivo casco los de una noria, que fue el sitio elegido por los franciscanos aprovechando que era el único lugar de la zona con agua permanente, para fundar el puesto de San Antonio.

Este puesto sobrevivió a la expulsión de la orden, gracias al impulso que le dieron los franciscanos. El nombre “San Antonio” seguramente fue otorgado por los mismos frailes, quienes también son los responsables de algunas de las construcciones que existieron en el sitio, que incluían un oratorio.

El inventario de 1778

La primera mención de este puesto la encontramos en el inventario realizado sobre la estancia de Caroya por la orden de San Francisco en el año 1778.

En dicho inventario se describen las construcciones; que como ya se afirmó, por los materiales empleados podemos adjudicar a los mismos franciscanos.

Se describe: “una casa de tres habitaciones, íntegramente de ladrillos y revocada en su interior y exterior; con techo de cañas y tejas. Dos corredores con pilares de palo labrado, uno al norte y otro al sur, cada uno con su puerta al interior de la casa.

De las habitaciones una es la sala principal con una alacena doble; otra similar a la anterior, una letrina y una cocina”. “Otro cuarto de paredes de adobe crudo con techo de paja”. El inventario también describe el mobiliario de la casa.

Más construcciones

Otra construcción es el oratorio, también “con muros de ladrillos, techo a dos aguas con tejas, consagrado a San Antonio de Padua”.

El oratorio tiene “un altar con dos nichos, en uno ellos yace la figura de San Francisco”. También se describen otras imágenes de bulto (de San Buenaventura, San José, etc.) y la ornamentación y elementos para la liturgia.

En el puesto había cinco corrales, donde se mencionan los animales al momento del inventario (más de 600 ovejas y más de 300 mulas y caballos).

Por último el inventario describe la noria con el pozo calzado de calicanto, obra a nuestro entender eminentemente jesuítica.

En un segundo documento de los franciscanos, fechado en el año 1788, el puesto de San Antonio (al igual que la mayor parte de las tierras de Caroya) figura como arrendado a Don José Videla.

De mano en mano

En 1807, la estancia (incluido el puesto de San Antonio) pasa a ser administrado por el clero secular hasta el año 1820; año este último en que se hace cargo el gobierno Provincial.

Un último inventario del período religioso, firmado por el rector del colegio Monserrat, el Dr. Alberró, del año 1819; menciona a los puesto de Tronco Pozo y de San Antonio.

En este último describe solo el oratorio que está sirviendo para los servicios religiosos de la zona. La última administración, desde lo económico y productivo, á sido un fracaso.

En 1845, según la documentación, el rector del colegio Monserrat, Dr. Ramirez de Arellano, “entregó a Don José de la Cruz Villada, en cambio por la estancia de Tronco Pozo, la de San Antonio”.

Los límites de esta estancia eran “al naciente (este) con La Esquina, terrenos que el colegio vendió a Doña Micaela Peralta; al Sud con terrenos que el colegio vendió a Don Altamirano Vázquez; al poniente (oeste) con las tierras de Caroya y al norte con las tierras de la estancia Jesús María”.

En el año 1862, Don José Villada comenzó a desmembrar la estancia San Antonio, vendiendo porciones de la misma. El sector este de la estancia, mencionado como Caroya Viejo se lo vendió a Don Tiburcio Carreño (venta fechada el 10 de Abril de 1862).

Otras porciones de tierras del sector N.O. a Don Pilar Taborda (con fecha del 20 de Abril de 1862) y a Doña Micaela Albarracín (con fecha del 4 de Agosto de 1862).

Una porción de terreno a pocas cuadras al norte del casco de San Antonio “donde está la casa y el pozo de valde” (lo que fue el pozo de la noria), según reza la documentación, se la vende a Don Pedro Oliva (con fecha del 18 de Julio de 1862).

El 8 de Octubre de 1862, Don José de la Cruz Villada lega a su hijo Don Clemente José Villada la estancia San Antonio. En 1885, la estancia es heredada, a su vez, por su hijo el Dr. Clemente Segundo Villada, quien ordena la primera mensura oficial de la misma.

Los relevamientos realizados por el GST-Grupo SpeleoTúnel y luego la Fundación CIEU-Centro de investigación espeleológico Urbano (2009/2019), permitieron ubicar el “casco” del puesto de San Antonio, origen de la “Estancia San Antonio”.

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