19/09/2021

El profesor de geografía y el niño de las notas

Qué es lo que últimamente el mundo de los humanos ha hecho con su propia historia con sus semejante. Y pensar que decimos que hemos avanzado

Por: Juan Manuel García Escalada (Docente, Psicólogo Social, Sexólogo Social)

Si miras hacia atrás (pero sin quedarte) sólo de ese modo puedes avanzar.

No puedes avanzar a la nada con nada. Y la historia nos muestra que es ella quien guía los caminos para avanzar. Pero se hace zancadillas a esa historia, que se necesita visitarla, para comprender si hemos sido consecuentes u oportunistas. Si hemos traicionado. Y sin conocer nuestra próxima geografía no podemos construir caminos.

Qué es lo que últimamente el mundo de los humanos ha hecho con su propia historia con sus semejante. Y pensar que decimos que hemos avanzado. Sí, lo hemos hecho, pero a condición de negar nuestros propios miedos existenciales y sobre todo tratando de escapar a nuestra muerte. Esa muerte segura que llegara a todos. Ese inconsciente colectivo que anida desde que el humano comprendió su finitud y que arrobado de sí mismo niega esa realidad que es la única de la que no podrá escapar.

Y se refugia matando al colectivo humano, para matar su propia muerte. Que lo espanta. ¿Es la muerte un hecho o un acto? ¿Nos preparamos para el acto final de nuestra vida sin saber llevarlo a cabo sobre las “tablas”?

Y en las conversaciones con mi amiga Laura, ella expresaba: “Morir y el mundo sigue sin nosotros. Me da tristeza”.

Horrores al por mayor

Horror que se escapa hacia todas direcciones apuntando como veleta, sobre todo, a ese colectivo al que pertenecemos (los humanos mismos como enemigos) porque no puedo aceptar que mi “Unicidad” llegará un momento en que no transitará los días por venir y no podré saber “más” de la vida.

Ese temor se ha hecho más virulento en las últimas décadas y lo que se necesitaría, que es el buceo interior del ser humano, porque allí están todas las respuestas, la mirada se posa sobre quienes necesitan ayuda, protección, cuidado.

Aunque sea un mínimo de compasión. Pero es una mirada de rechazo, de exclusión. ¿Miedos a emparentarnos? Son humanos que escapan de guerras. Y sabemos que las guerras llegan de la mano de intereses políticos, económicos. Se les niega la ayuda, el refugio. Se los rechaza y en definitiva se hace que se mueran. Intereses símil-imperiales, que explotan a países y una vez que lo han hecho dejan en la miseria a sus habitantes. Sabemos de eso en nuestra historia de país.

Pero en lo global, (también en lo particular) el mínimo respeto al humanitarismo internacional y sus convenciones y leyes se rechazan. Después de la Segunda Guerra Mundial y los millones de seres que murieron, el mundo creó bases de respeto para la ciudadanía mundial. Pero no se ha aprendido.

El abogado Guido L. Croxatto en su interesante artículo hace referencia al “Olvido” de todo lo que se había trabajado en materia de humanitarismo. ¿Hemos olvidado las atrocidades vividas, agregado, el holocausto judío y otras barbaries humanas? Como dictaduras habidas y, parece, por haber con símil-democracias.

Qué ha sido de ese dolor experimentado después de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Millones de muertos en conflictos que desarman vidas. Vidas como cualquiera de nosotros que desean pertenecer a un lugar con un hogar.

No perder el sentido humanitario

¿Hay algo más hermoso que saber que puedo llegar a mi casa diariamente? Se ha negado educación para que la población no llegue al extremo de esta superpoblación, quitando salud, trabajo, educación sexual para que se tengan hijos que realmente se pueda y quiera.

Qué ha sucedido que se ha ido perdiendo el sentido humanitario de la convivencia. Qué han hecho y hacen las leyes de tratados internacionales para proteger no sólo a los humanos sino al planeta pues todos somos uno mismo en las diversidades.

Tiempos tan fugaces de las realidades actuales (reemplazadas por virtualidades-reales) han producido apagones de sensibilidades. ¿Qué ha producido en el cerebro y en la sociedad los efectos de la tecnología que no se pueden de ningún modo soslayar?

Estamos en un instante de la historia que está cambiando. Las grandes corporaciones son estados en sí mismos, algunas tienen ganancias muchas mayores que las deudas externas de países del mundo. Pueden ser sus propios bancos ya no necesitan de los Estados. Es decir, se está transformando el mundo desde un capitalismo a un feudalismo tecnológico.

En busca de sentido

En un mundo que instaló las realizaciones humanas en el dinero, el poder, el placer del vacío, y se los muestra como los verdaderos valores de la vida contemporánea, han construido subjetividades que son abstracciones, que lastiman la solidaridad.

En esta vorágine de incertidumbres, miedos, insensibilidades, dos hechos que me impactaron de los tantos que sufren aquellos que buscan escapar de todas las violencias (guerras, discriminaciones, explotación, xenofobias, tráficos…) que se suscitan actualmente en el mundo. Que se criminaliza la solidaridad, la compasión.

Ese cuerpo del niño muerto, flotando en las aguas, que llevaba consigo las notas del colegio para demostrar que era un buen alumno y buscaba tener una posibilidad en otros países “civilizados”.

La otra, la del profesor de geografía acusado y criminalizado porque dejó frazadas y agua para aquellos inmigrantes que buscan un cierto mínimo paraíso de paz en sus vidas.

¿¡Encontraremos los humanos la Grande Bellezza!?

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