06/12/2022

El impacto ambiental de la fe de las devociones populares

Las devociones populares no son presididas por un sacerdote. No hay jerarquías que obedecer ni cánones dogmáticos que observar.

Por: Adrián Vitali (Exsacerdote, autor del libro El secreto pontificio que desnudó los casos de pedofilia dentro de la iglesia).

Toda persona necesitada de un milagro tiene la horizontalidad del mismo rango para pedir.

No hay mandamientos que cumplir, ni liturgias que celebrar los domingos ni fiestas de guardar. No tienen templos ni basílicas en las grandes ciudades.

Sus lugares de culto son ermitas construidas por devotos anónimos a orilla de los caminos, debajo de los árboles, como memorial de los milagros.

Las ermitas no son construcciones Barrocas ni Góticas, ni tienen pinturas majestuosas como la bóveda de la Capilla Sixtina que pinto Miguel Ángel o la Sagrada Familia diseñada por Gaudí. Son pequeñas con el estilo propio de cada promesante.

En ellas se entroniza la imagen del santo pagano canonizado por el pueblo simple y necesitado de milagros, sin protocolos ni liturgias incomprensibles.

Siempre están ahí en el camino y en la Intemperie, no son como los templos que tienen horarios para abrir sus puertas y permitirles a los creyentes pedirle al Dios de los horarios algún milagro antes que cierren las puertas.

Cada promesante como un sacerdote construye su altar para cumplir su promesa, en agradecimiento por el milagro concedido.

Los devotos son sus propios ministros ocasionales del culto popular después de resolver el problema.

El tiempo del ministerio litúrgico está sujeto, al tiempo del cumplimiento de la promesa.

El ritual es una construcción de las tradiciones orales, que se van transfiriendo por la eficiencia de los milagros cumplidos como un relato de salvación bíblica.

La mayor cantidad de ofrendas de acción de gracias son botellas plásticas, de vidrio llenas de agua, para la difunta Correa que murió de sed amamantando a su hijo recién nacido. Otras ofrendas son banderas de tela roja que representan el martirio del Gauchito Gil asesinado por robarle a los ricos para repartir la comida entre los pobres.

También hay velas de todos los colores que se van consumiendo con la fe de los devotos.

Pero alrededor de los santuarios se van formando basurales a cielo abierto con los derechos de la fe de los creyentes.
La degradación de las botellas de plástico como promesa cumplida duran 1000 años para dejar de contaminar.

El impacto ambiental de la fe contamina sin que nadie sea responsable. Ni el devoto, ni el santo pagano, ni el estado.

También se encuentra en estos altares improvisados rosarios y santos canonizados por la iglesia, como celebrando sin prejuicios el ecumenismo universal de los creyentes.

Las devociones populares no exigen un comportamiento moral, para ser celebradas, solo basta la necesidad de un milagro que pide el creyente con la fe de los necesitados y que luego tendrá la obligación de cumplir si fue beneficiado, para no ser víctima de la venganza de las devociones paganas.

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