19/09/2021

El Baile

“Hemos cambiado nuestro destino de dioses, por un destino de mercaderes». M. A. Bustos

Group of men and women dancing fitness or hip hop choreography in gray studio background

Por: Juan Manuel García Escalada (Docente, Psicólogo Social, Sexólogo Social)

Ellas dos hablaban y al pasar escucho decir… ¿por qué no bailas? A lo que su compañera de conversación le contesta que no sabe bailar. Prontamente, me disculpo por la interrupción al escucharlas y le contesto: “Eso que se dice de no saber bailar, es no estar obligado a seguir una moda impuesta. El baile es el movimiento que sentimos en el interior de nuestro cuerpo y que cada persona lo interpreta en función a su tiempo y su ritmo personal”.

Me fui hacia el otro extremo del lugar donde me encontraba y unos momentos después quien estaba en su negación, comenzó a bailar, ya sin preocuparse por supuestas modas en los movimientos a seguir en el bailar.

Bailar es sentir. Cuando los extranjeros llegan al país y desean conocer y aprender a bailar (por ejemplo, el tango) buscan los lugares donde encuentren el sabor y sentir popular del baile, sin espectáculo de oferta de mercado turístico.

Recuerdo cuando vi por primera vez Zorba El Griego, aquella lejana película en la década de 1960, cuando era un adolescente. El actor Anthony Quinn es Zorba y cuando el hombre inglés habla de sus sinsabores, y éste le pregunta qué hacer.

Él, Zorba, le contesta: “Dance…Dance…Dance…” y ambos comienzan a bailar sirtaky. Hemos perdido, como dice el protagonista principal, ese “toque de locura” en la vida diaria y nos inunda un miedo incesante que nos transforma en lo verdadero de ser perdedor: Olvidamos disfrutar la vida. Es el único valor que supera a la moneda.

Si tu amada, tu amado, te dice que te quiere saltas y bailas. Si tu amada o tu amado te dice que no te quiere; duele, llora, pero baila, baila…

Friedrich W. Nietzsche (filósofo, poeta, músico, filólogo alemán, 1844-1900) supo expresar que cada día que no se baila es un día que se pierde en nuestras vidas. Sin duda que las ideas tienen su danza.

La vida necesita del baile. Nuestra Tierra, nuestra madre, danza en ese inmenso universo en sus vibraciones de vida que nos brinda. Y como toda madre, ella es la que nos da los permisos. Disfruta de la cadencia de la danza.

Recuerdo al cineasta Ettore Scola (director de cine de la commedia all´italiana, 1931- 2016) quien dirigió la película ítalo-francesa “Le Bal”, en italiano “Ballando, Ballando” y aquí “El Baile”.

En ella se narra, en una sala de baile, un período de 50 años a partir de 1936. Toda esa historia en más de 100 minutos donde no hay palabra dicha y deja lugar exclusivamente a la música y en torno ella, van cobrando vida los más disímiles representantes de la vida cotidiana, los humanos. Baile, danza pura, sin palabras. Una exquisitez.

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La vida es corta, más allá de tus creencias en el eterno retorno de esa energía que nos inunda en otras personas encarnadas. Lo cierto, el baile es movimiento, es vida, es salud y lo vemos en este tiempo de frenetismo exacerbados con la pandemia cuando la carencia del baile aparece sintomatizando otras expresiones humanas.

Como todo se ha transformado en un mero mercado de valores monetarios, creemos que sólo se baila junto a los demás en torno a un concierto, junto a cientos de personas, es válido cuando se festejan logros sociales en un baile de alegrías multitudinarias.

Pero baila contigo desde tu interior, sin olvidar que ese baile gire en torno a tus realidades diarias frentes a los conflictos personales y sociales que nos atañen a todos. No para escapar, sino para transformar ese pensamiento de lo cotidiano, puesto que pensar es energía que se transforma en movimiento, del griego “emotion” (movimiento) de neuroquímicas y hormonas.

Comprensión necesaria de nuestra energía cuántica personal, pero que nos ha llevado a olvidar que como decía Martin Heidegger (filósofo alemán 1889-1976) “La ciencia no piensa”. Ésta no existiría si no hay “baile” en el interior humano porque éste mueve los hilos del movimiento constante en un vaivén que equilibra los misterios a descubrir en el universo sideral y personal tan íntimamente ligados.

En una canción de un grupo de música argentino se entonaba “movete, chiquita, movete… movete sin timidez, estoy hecho un demonio nadie me para esta vez”. Más allá de la connotación que cada uno quiera darle a la letra lo cierto es que sólo en el baile surge como manantial la energía renovadora para acciones posteriores.

Mientras tanto, danza contigo mismo en un baile constante con la vida y que más allá de la pandemia actual con sus acotaciones de movimientos, éstos resalten en tu baile diario como agradecimiento a la vida, que te brindó vida.
Los ancestros nuestros cantaban y bailaban ante el concierto de las estrellas, el fuego, la lluvia.

Fueron los iniciadores en África dónde todo apareció y se fue diseminando en el mundo nuestro. Es desde África donde nacieron las raíces de todo lo que es arte y que otros se apropiaron. Pero no es cierto, ellos son los dueños del danzar.

Y ahora conseguí un film donde Fred Astaire y Ginger Rogers bailan con la soltura, gracia, elegancia, en ese disfrute que te contagia y quieres salir disparado a bailar y danzar…danzar…danzar…

¿Qué quiénes son ellos? Son viejas películas que, como decía el español Miguel de Unamuno (escritor, filósofo, 1864- 1936): “ Para novedad, siempre lo clásico”. No pasan de moda.

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