26/10/2020

Dura sentencia contra un expolicía que era violento con sus parejas

La Cámara en lo Criminal de 8ª Nominación, en sala unipersonal presidida por el juez Juan Manuel Ugarte, le impuso una durísima condena a un exagente que prestaba servicios en nuestra zona.

La Justicia cordobesa viene de imponer una condena ejemplar para un exagente de la Policía que prestó servicios, mayoritariamente en jurisdicción de la Unidad Regional Departamental Colón, por las violentas conductas que demostró en su vida personal y en sus relaciones de pareja.
Su identidad se reserva en esta nota para evitar que sean identificadas las parejas a las que él dañó.
Sobre el acusado pesaban siete imputaciones y en todas ellas fue encontrado culpable. Al momento de la comisión del último de los delitos, por el que se le impuso una prisión preventiva, tenía 32 años de edad y ningún antecedente penal.
El condenado fue encontrado penalmente responsable de los delitos de amenazas, lesiones leves doblemente calificadas (por la relación de pareja y por mediar violencia de género), lesiones leves culposas, amenazas calificadas, lesiones graves doblemente calificadas (por la relación de pareja y por mediar violencia de género) y coacción, coacción en concurso real con abuso sexual con acceso carnal calificado por el grave daño en la salud mental de la víctima, y, finalmente, tenencia ilegal de arma de guerra.
La Cámara en lo Criminal de 8ª Nominación, en sala unipersonal presidida por el juez Juan Manuel Ugarte y en consonancia por lo solicitado por el fiscal de Cámara Hugo Almirón, le impuso la condena de 11 años y seis meses de prisión.

Un terrible compañero

Tres exparejas refirieron a lo largo del juicio, los padecimientos a los que este exfuncionario de la ley las sometía: vejaciones de todo tipo, golpizas, relaciones sexuales forzadas, insultos. Todo lo inimaginable para alguien que en su vida profesional se dedicaba a cuidar la seguridad de los ciudadanos.
Sobre una de sus víctimas, los profesionales que hicieron los peritajes refirieron el estado de angustia y temor que padecía ella, al tiempo que se mostraba desganada, decaída, con tono de voz baja.
Otra profesional de un programa municipal narró que la mujer sufría estrés postraumático, que padecía trastornos de sueño por la angustia. Que se trataba de una mujer indefensa, que sentía mucha impotencia y tenía recurrencia de lo vivido. Sentía temor hacia su agresor y también angustia por las limitaciones físicas que le produjo la agresión.

Para graficar el comportamiento del agresor vale reseñar que a una de sus víctimas, en enero de 2018, la llevó en auto hacia las afueras de Jesús María y, sin que mediara ninguna palabra, comenzó a golpearla con fiereza. Incluso, le apretó varias veces el brazo con una puerta, hasta que le fracturó el codo. Luego, la llevó al hospital y la obligó a mentir sobre lo ocurrido.
Y no sólo eso, una vez que la mujer fue enyesada, la llevó a su casa y la atacó sexualmente. Así de brutal, así de inexplicable.
“Considero que nunca debió estar en la Institución Policial, la condición de policía debe tenerse presente. Refleja sin dudas una peligrosidad”, dijo el fiscal al pedir la pena.
En el juicio se pudo demostrar, además, que tenía consumos problemáticos de sustancias y le ordenaron tratamiento en la cárcel de Bouwer.

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