26/10/2020

¿Donde diablos está la verdad?

Por: Luis Pastawski (Vecino de Jesús María).

El coronavirus es una enfermedad compleja y se contagia fácilmente, se transformó en pandemia en tan sólo un par de meses. Como muchas de las afecciones ya existentes puede transcurrir sin que uno se entere o terminar con la vida rápidamente. Mientras dañaba a los murciélagos o pangolines no pasaba gran cosa, pero cuando llegó a nuestra especie explotó el planeta entero. ¿Y ahora? ¿Qué colores tendrá el futuro?

La vida en blanco y negro
¿Cuáles son los ángeles y cuáles los demonios en este drama de enredos? Pareciera confundirse lo real y lo inverosímil entre información que va y viene, incluso desde los organismos oficiales. Con tanta enfermedad y muertes nos debemos estar perdiendo las historias de intriga y espionaje en las industrias farmacéuticas y estados para lograr la primera y exitosa vacuna. ¿Qué pasará con las patentes? ¿O acaso todos los protagonistas se volvieron buenos y filantrópicos? En la novela El jardinero fiel, que se centra en la transgresión de la ética médica por parte de algunas poderosas multinacionales, al momento de crear nuevos medicamentos, llevada luego al cine por el director Fernando Meirelles, uno de sus personajes relata: “Las píldoras de este recipiente cuestan veinte dólares en Nairobi, seis en Nueva York y dieciocho en Manila. Cualquier día, la India empezará a fabricar la versión genérica y costará sesenta centavos. Los costos de investigación y desarrollo los amortizaron hace diez años y gran parte de su dinero viene de los Gobiernos”.
Cuando llegue la vacuna a Argentina: ¿cuántos dólares costará?, ¿quiénes accederán a ella?, ¿esperaremos nuestra dosis confinados?

Grises
Pocas patologías han sido tan estudiadas en poco tiempo. Cientos de investigadores publican sobre sus efectos. Parece que no hay órgano que no pueda verse perjudicado. Los medios informativos populares trasladan a sus páginas artículos científicos en un idioma menos críptico. Y lo que se entiende tampoco se entiende tanto. Se aconsejaba, desde la Organización Mundial de la Salud, no usar barbijo hace un par de meses y ahora si no se usa se reciben sanciones. Soy un defensor de la mascarilla, que utilicé por más de cuarenta años, por mi actividad profesional, y me protegió de enfermedades previas a ésta. Creo que de haberse impuesto antes hubiese salvado vidas.
En este tiempo, poco leí sobre estadísticas y contagios haciendo deportes con ciertas precauciones, quizás por eso me sorprendió la noticia: ¡Incautación de bicicletas y multas a ciclistas porque realizando la actividad deportiva pasaban de un departamento a otro! ¡Qué difícil debe ser para los inspectores hacer cumplir ciertas reglamentaciones! Protocolos que van mutando tan rápido como el virus y que exigen una capacitación diaria para los ciudadanos y los encargados del poder de policía. Provocando más incertidumbre, episodios de violencia y ¡empleando recursos humanos y económicos en estas situaciones!

La enfermedad según Galeano
En alguna parada, un enjambre de chiquilines invadió el ómnibus. Venían de la escuela, y no paraban de hablar y de reír. Hablaban todos a la vez, a los gritos, empujándose, y se reían de nada y de todo. Un señor increpó a Adam, que era uno de los más estrepitosos:

– ¿Qué tenés, vos? ¿La enfermedad de la risa?
A simple vista se podía comprobar que todos los demás pasajeros habían sido, ya, sometidos a tratamiento médico, y estaban completamente curados. Sombríos, graves, esos rostros del Museo de Cera atravesaban la ciudad, de casa al trabajo, del trabajo a casa, a salvo de cualquiera de las locuras que en el mundo acechan.
La historia de Eduardo Galeano me recuerda siempre: ¡la “maravillosa enfermedad” que ayuda a suavizar tantas otras!

El pronóstico: tiempos malos
“Solo quiero saber dónde diablos está, dónde diablos está la verdad. Unos dicen que fue un estornudo fatal, quien lanzó la verdad rumbo al norte, y que la han visto paseando en el Parque Central, con su mini de piel y un escote. La verdad es que un día se cansó la verdad de buscar su verdad sin hallarla. Me quieren vender la niebla por la claridad…”, canta Nito Mestre
Algo extraño sucede con los mensajes y las informaciones que emanan desde los organismos de gobierno y control. Luego de un importante tiempo de cumplimiento de los decretos por parte de una mayoría, se observa ahora el descreimiento de la gente y el hartazgo producto de las limitaciones en cuarentena, con el consiguiente rechazo, infringiendo las normas. Lo que provoca que el virus siga avanzando. Lográndose lo contrario a lo buscado. Un círculo vicioso negativo que demuestra el fracaso de la estrategia comunicacional. Además, las comparaciones periódicas con los que están peor ayudan a la resignación de que vamos bien, estando mal. Quizás el cotejo tendría que ser con los mejores, para imitarlos. Pero con una exagerada deuda externa, altos índices de pobreza, inseguridad y desocupación, será dificultoso un mejor futuro mediato.

Nito Mestre | La verdad |Album: Colores puros | Año: 1999 | Discográfica: Pattaya

La vida en colores
Con las últimas previsiones de la Organización Mundial de la Salud considerando que “quizás nunca haya una solución para el coronavirus” (según declaraciones de su director, el día lunes tres de agosto) sería conveniente que nos vayamos acostumbrando a convivir con esta enfermedad y aprender a cuidarnos unos a otros. Se van perdiendo demasiadas vidas. Y se pueden malograr muchas más en el futuro, por la falta de libertad, trabajo y deterioro psico-físico. La posibilidad de creer que podría haber sido de otra forma, éste, nuestro pasaje en el tiempo ya es historia. Hoy es un hoy con una sociedad fragmentada. La única esperanza es que el todo es superior a las partes y también es más que la mera suma de ellas. Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones particulares, dicen, sino hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará como sociedad. Ojalá algunas partes de nuestra comunidad subsistan para volver a formar ese todo que permita la verdadera libertad soberana, que nos transforme en seres un poco menos arrogantes y cada vez más humanos, de múltiples colores.

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