08/12/2022

Democracia, política y aporofobia

La piedra angular de la “interrumpida” Administración Illia fue su política educativa contra la pobreza, uno de los aspectos más elogiados.

Por: Prof. Dr. Roberto Bertossi (Experto Coneau; premio Adepa-Faca [1990] Docente e investigador universitario).

Don Arturo Humberto Illia, hombre de la democracia, médico y “apóstol” de los pobres, fue el último presidente argentino que, según los hechos e índices estadísticos oficiales, se ocupó privilegiadamente de los necesitados.

Y lo fue tanto como persona fraterna, como profesional de la salud, pero, muy especialmente, como presidente democrático y republicano entre 1963 y 1966.

Un desafío para la política

Por estos días, cuando una lacerante pobreza fatalmente alcanzará el 44%, en tanto la indigencia, un pavoroso 11%; datos semejantes lucen invisibles e irrelevantes para los políticos, sus plataformas, campañas y discursos o participaciones periodísticas de cara a un 2023 electoral.

Esa ceguera de los políticos en general para enfrentar la cuestión, resulta tan inaudita como inaceptable.
La impresionante pobreza e indigencia que caracteriza al espectro nacional, pareciera encontrarse con abordajes políticos partidarios que pretenden rebotar sobre este presente -mucho peor que el pasado-, en un trance y percance de cuatro décadas de mediocridad.

Claramente, no estamos ante la mejor Argentina, pero los políticos hablan y actúan como si fuera la mejor de las últimas seis décadas.

Obviamente, ¿quién podrá tener probabilidades de éxito para gobernar esta Argentina real, si ninguno de ‘los anotados’ “mira” lo que pretende gobernar, o niega lo que “ve en su mirar”?

Los números no mienten

A más de 54 años de su derrocamiento, nadie duda de que Arturo Umberto Illia no solo fue un hombre de firmes convicciones axiológicas.

Con su presidencia, la desocupación, que había llegado a un récord histórico en julio de 1963, bajó al 4,6% en octubre de 1965.

El salario real horario creció entre diciembre de 1963 y diciembre de 1964 un 9,6%. La inflación, que en el bimestre anterior se había mantenido en el 26%, bajó en 1964 a 22,1%.

Más que un detalle, la piedra angular de la “interrumpida” Administración Illia, fue su política educativa contra la pobreza, uno de los aspectos más elogiados de su gestión.

El principal dato para ello fue el sensible y substancial incremento del porcentaje del presupuesto nacional dedicado a educación, que pasó del 12% en 1963, al 17% en 1964 y al 23% en 1965.

El diario La Voz del Interior de Córdoba, sostuvo que este último porcentaje fue el más alto de la historia argentina.

Hoy, podemos ratificar que la inversión en educación del presidente Illia, realmente aún continúa siendo la más alta.

Urgencias de hoy

Urgen salarios dignos y equitativos que superen los guarismos de la canasta familiar básica –alquiler incluido-, porque mucho argentino tiene hambre mientras el 51,5% de los menores de 14 años son pobres.

Si bien los fracasos recurrentes, los populismos, “la grieta”, la corrupción e impunidad, la demagogia o cooptación clientelista por ausencia de cultura cívica y compromiso democrático, se sumaron y multiplicaron para ahondar el abismo que tanto atrapa, empobrece, denigra y posterga.

No obstante ello y ante tanto cinismo, inescrupulosidades y enriquecimientos ilícitos por todos conocidos, sin demora debiéramos exigir nuevas y novedosas propuestas políticas programáticas, pragmáticamente realistas, genuinamente financiables y sostenibles humanitariamente, para revertir paulatinamente la caída estrepitosa de todos los índices del desarrollo humano argentino.

Y, con ello, el rescate premuroso de todo destrato y maltrato a que nos sometieron gruesos errores, ineptitudes, nepotismos, corrupciones e irresponsabilidades de quienes han detentado el poder ya por 39 años.

Por último, duele admitir que durante esos 39 años, demasiados argentinos fueron empobrecidos o sumidos en la indigencia, sin poder alimentarse, educarse ni curarse conforme originarias promesas presidenciales.

Pero más nos duele e indigna la vil, insaciable e imparable corrupción propia del enriquecimiento ilícito de políticos incompetentes, “titulares de modernidad y moralidad liquidas” como de una notable capacidad improductiva, perpetuados en el poder nacional, provincial y municipal; precisamente los responsables directos e indirectos de cada empobrecimiento,­ de cada indigencia como de estas ascuas permanentes en cada jubilado o pensionado “ordinario”.

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