26/10/2020

Daniela Mansilla representa a Córdoba en el Club de Mujeres Profesionales del Vino

La ingeniera agrónoma, que comenzó en Colonia Caroya con un grupo Cambio Rural de INTA, integra una red nacional de mujeres que se desempeñan en la primera línea de la vitivinicultura nacional.

Crédito: Gentileza El Marco

El Club de Mujeres Profesionales del Vino nació, hace cinco años, para potenciar el rol de la mujer en la industria del vino. En la actualidad, cuenta con cuenta con 110 integrantes, la mayoría de ellas enólogas o ingenieras agrónomas de 1ª o 2ª línea de mando en sus bodegas o fincas.
Y, entre ellas, se encuentra la ingeniera agrónoma Daniela Mansilla de aquilatada carrera en la vitivinicultura cordobesa, pero afincada en Colonia Caroya.
Además de haber asesorado a una buena cantidad de productores de uva de distintas latitudes y de haber pasado por bodega Terra Camiare, es docente universitaria.
Pero el proyecto que más la tiene entusiasmada es Patente X, un vino de alta gama en el que comparte cartel con el productor Danilo Fantini y con el enólogo Gabriel Campana. El trío se sacó de encima la mochila de prejuicios que sentenciaba que en Córdoba no se podía elaborar un alta gama. Nada más lejos de la realidad.
Patente X viene dando muestras de excelencia, cosecha tras cosecha, y se ha convertido en un reserva poderoso cuya mejor publicidad es el boca a boca.
Pues bien, como parte de ese proyecto, Mansilla fue invitada a expresar sus sentimientos durante el quinto aniversario del Club de Mujeres Profesionales del Vino.

“Tras una conversación con una colega sobre las dificultades de la industria para las mujeres, me comentó del Club y me invitó a sumarme. Desde que soy parte no me siento tan sola, encontré que compartimos los mismos problemas y teníamos los mismos desafíos”, narró.
“Me alegra -añadió la profesional- ser parte de este grupo de mujeres maravillosas con las que aprendo un montón e intercambiamos mucha información técnica que es de gran utilidad. ¡Es una herramienta de trabajo y de contención emocional!”.

Valioso aporte femenino

Haciendo honor a la verdad, la mayoría de las mujeres cuyas parejas se dedicaban al cultivo de la vid, saben de qué se trata, participaron en cosechas, en pisadas de la uva, aunque sus nombres nunca hayan figurado.
Pero también fue y es valioso el aporte que muchas mujeres le pudieron hacer a la vitivinicultura caroyense desde su rol profesional.
Como olvidar, sin ir más lejos, las investigaciones sobre plagas y enfermedades en la vid que hicieron durante años la ingeniera agrónoma Clara Cragnolini y la bióloga Adriana Viglianco, y cuyos avances eran presentados regularmente ante los productores.

O la labor como productoras de Mirta Sangoy y Rosalba Gasparutti, más los aportes como asesora de la ingeniera agrónoma Rocío Soratti.
Y, más reciente en el tiempo, la incorporación de la enóloga Agostina Lucchesi a bodega La Caroyense.
Todas ellas también merecían un renglón en esta historia sobre los aportes para una industria tan longeva de nuestra región.
Mansilla es consciente de lo importante que es mantener vivo ese registro de los aportes: “Por suerte, en este último tiempo se han ido sumando mujeres que nos dedicamos a full al cultivo de la vid y eso nos pone muy contentas, sin olvidar a las docentes e investigadoras de otras áreas que pasaron por la vid para investigarlas”.

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