20/01/2021

Al rescate del Molino Jesuítico que se encuentra debajo de la casa de “Doña Pipa”

Un grupo de estudiantes de la diplomatura de patrimonio cultural de la Universidad Provincial de Córdoba utilizó como tema de tesis la recuperación de esa parte del patrimonio jesuita.

Ramona Cipriana Crinejo vivió más de 100 años en el inmueble que está en frente del parque de la Estancia Jesús María. Y era la dueña de la granja más hermosa que tuvo la ciudad. Cientos de personas pueden dar fe de eso.
La madre de Ramona, Tránsito Duarte, había vivido hasta los 110 y había trabajado a las órdenes de los Llerena, los últimos dueños que tuvo la Estancia, antes de que se convirtiera en Museo Nacional.
A Ramona Cipriana nadie la conocía por su nombre. Todos le llamaban, sencillamente, Doña Pipa. Tenía rostro aindiado, tez oscura, y ojos vivaces. Fumaba como una chimenea y le gustaba el vino.
Pipa se murió sin saber con certeza que, debajo de su casita (hecha de muchos remiendos constructivos), tenía otro tesoro igual de importante que su granja: un molino jesuítico del siglo XVII que se encuentra en la zona buffer de la Estancia que es patrimonio mundial desde hace 20 años.
Patricia Pamplona, Paola Micolini, Constanza Gil Carreño, y Melisa Soler cursaron la diplomatura sobre Patrimonio Cultural en la Universidad Provincial de Córdoba y decidieron armar su trabajo de tesis sobre este “tesoro” del que pocos jesusmarienses saben.

El punto de partida del trabajo arranca con el sistema de acequias que los jesuitas hicieron correr en nuestra región y que eran la fuerza vital para mover molinos harineros y de agua.
Parte de uno de esos acueductos se encuentra en el inmueble de Doña Pipa, de propiedad municipal desde 2004, tras la firma de un convenio de cesión de derechos, y que tiene 1,88 hectárea de tamaño.

Municipal y descuidado

Hasta hoy, el municipio de Jesús María hizo muy poco para mantener en condiciones decentes ese patrimonio que tiene un potencial turístico relevante. Es que ese molino formó parte de un sistema hidráulico medieval que daba prioridad primero a los cultivos y, lo que sobraba de agua, también se utilizaba para la molienda.
La intención de las tesistas es que la comunidad de Jesús María se apropie del tesoro, tome conciencia sobre su importancia, y pueda disfrutarlo.
Otra de las pretensiones es que se pueda preservar y cuidar el espacio, no sólo involucrando al municipio como propietario sino a otros actores como fundaciones y particulares.
El ambicioso proyecto incluye, en un futuro, la creación de un centro de interpretación del sistema hidráulico jesuita. La primera etapa de inversión sobre el edificio demanda alrededor de $ 455 mil.

Patricia Pamplona explicó algunos de los fundamentos de esta revalorización del espacio: “Es una zona arqueológica que durante muchos años estuvo abandonada. Nuestra idea es visibilizar este molino, poder ponerlo en valor, y que todos los vecinos puedan conocer que allí funcionó. Le va a permitir a la ciudad recuperar un espacio arqueológico que hasta ahora estuvo invisibilizado”.
“No todas la ciudades pueden darse el lujo de tener unas ruinas así, queremos ir paso a paso. Sabemos que es una tarea ardua, pero confiamos en que vamos a tener todos los medios y todo el apoyo para recuperar todo y que se integre a la zona turística”, completó Pamplona.

Rescate del Molino

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